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	<title>Benjamín Contreras | Revista Hacia el Sur</title>
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	<description>Libros, opinión y cultura</description>
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	<title>Benjamín Contreras | Revista Hacia el Sur</title>
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		<title>Homónimas: A 80 años del Premio Nobel de Gabriela Mistral</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2025/12/10/gabrielamistral2025/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Benjamín Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Dec 2025 12:05:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[En Perspectiva]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriela Mistral]]></category>
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					<description><![CDATA[“¿qué significa celebrar esa gloria mientras otra Gabriela, nacida en esta misma tierra, murió sin justicia un septiembre cualquiera? ¿Qué país puede sostener esa doble narración sin quebrarse?”]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><div class="et_pb_section et_pb_section_0 et_section_regular" >
				
				
				
				
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="font-weight: 400;text-align: justify">Chile no solo recuerda: administra la memoria de sus mujeres. Decide qué rostros estampa en sus billetes, en sus discursos y en los códices escolares; decide también qué nombres adquieren vejez en expedientes irresueltos, así como también qué rutas vitales se disuelven en una escueta declaración, un peritaje fallido o un titular etéreo. Sobre esta base, no es errado afirmar que la memoria dista de ser un territorio imparcial: es un dispositivo de gestión que, desde su coyuntura política, se ejerce como una forma de control simbólico.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Hoy es 10 de diciembre, fecha en que Chile ensalza el verbo en la labor de relatar la épica de Gabriela Mistral al recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo. Se difunde su fotografía tomada desde su costado derecho: abrigo oscuro, canas pronunciadas, su voz contundente y bien articulada afirmando su condición multidimensional de mujer, sudaca, indígena, diplomática y maestra. Se nos insta a recordar: es 1945 y Europa se recompone. Es diciembre en Estocolmo. La nieve se pliega como un manto ceremonial sobre la urbe. Ella se llama Lucila Godoy Alcayaga, aunque el mundo la pronuncia Gabriela Mistral. Sube al escenario de la Sala de Conciertos y recibe el Premio Nobel de manos del rey Gustavo V. Hace 80 años: hace casi un siglo, hace tan poco. Chile aún no le ha otorgado el Premio Nacional.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“¿qué significa celebrar esa gloria mientras otra Gabriela, nacida en esta misma tierra, murió sin justicia un septiembre cualquiera? ¿Qué país puede sostener esa doble narración sin quebrarse?”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Su discurso —“mi pequeña patria”, “los niños desvalidos de América”— recorre el auditorio. Aplausos, fotografías, cables internacionales. Es la primera latinoamericana en recibir el galardón. Décadas más tarde, su rostro quedará fijado en el billete de cinco mil pesos: símbolo de una nación que gusta imaginarse culta, justa y moderna. Se enseña ese instante como una prueba de la grandeza de este país. Pero actualmente ¿qué significa celebrar esa gloria mientras otra Gabriela, nacida en esta misma tierra, murió sin justicia un septiembre cualquiera? ¿Qué país puede sostener esa doble narración sin quebrarse?</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Las preguntas no son menores: ¿qué memoria de mujer es digna de archivo, de ritual estatal, de solemnidad institucional? ¿Qué memoria queda relegada a ser una nota policial que se diluye con los días? ¿Por qué fundamos todo en la centralidad del éxito? ¿Por qué convertimos la excepcionalidad en la única vía legítima para recordar? ¿De qué manera nos enseñamos —desde las aulas hasta la prensa— que el fracaso no merece ser memoria sino omisión?</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">¿Puede un país decir que honra a sus mujeres si solo rememora a las que triunfan?</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Y es que este logos —esta maquinaria de sentido— no es renunciable: desde un inicio, nuestra cultura se ha articulado en torno al verbo, al relato, y la forma en cómo se organiza la historia de lo humano. Esta imaginería discursiva no se puede soslayar, pues siempre se ha tratado del verbo y su posición como principio más allá que incluso lo principiado. Sin embargo, al pensar en el relato, ¿bajo qué principios se orienta el sentido del obrar humano? ¿Qué queda fuera los márgenes narrados? ¿Cuáles son los costos éticos de esa administración simbólica?</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“la violencia nace y se desnuda desde lo más doméstico, que puede haber monstruosidad por el reverso de todos.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Ambas Gabrielas se colman en su edificación discursiva: una elevada como ícono cultural y diplomático; la otra, despojada, expuesta, revictimizada, apenas sostenida por la memoria de su familia y por la convicción persistente de algunas organizaciones feministas como ATA, en San Fernando. Pero ¿cuál es esa otra Gabriela?</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Recordemos:</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Es 2012 y el mundo aún no se acaba, al menos no para todos, los Mayas se equivocaron. Es agosto de 2012 y en marzo de ese mismo año el caso de joven Daniel Zamudio había estremecido el plano nacional, se había expandido su nombre a lo largo de todo el país por medio de las reverberaciones mediáticas. ¿Esvásticas? ¿Zamudio fue asesinado por neonazis? No vertebra lo suficiente al entender que la violencia nace y se desnuda desde lo más doméstico, que puede haber monstruosidad por el reverso de todos. En ese mismo año, pero en la región de O’Higgins, en San Fernando, el sol se perdía desde la seis de la tarde y la ausencia de luz se expandía sin bordes por todas las calles.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Es 2012 y ella se llama Gabriela Marín: educadora de párvulos, veinte y tres años, madre de dos hijos. Va a un cibercafé cerca de las líneas del tren. Ese trayecto cotidiano, ese segmento minúsculo del día, se transforma, en minutos, en un escenario inesperado. Un hombre la somete, le tapa la boca, silba para llamar a sus aliados. Otros dos llegan. La llevan hacia un punto apartado entre las vías. Abusan sexualmente de ella. La torturan.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Gabriela logra escapar. Gabriela llega a su casa. Gabriela habla. Gabriela denuncia. Reconocen a los culpables. Y entonces aparece el Estado: un fiscal que lee rápido después de ver un partido de básquetbol, un funcionario que revisa pruebas clave y las desestima, una investigación mal conducida, una declaración final que parece un gesto mecánico: “no hay antecedentes suficientes” (Revista Paula). Los dejan libres. Gabriela queda expuesta a la mirada de todos, pero sin la protección de nadie. La vulneración se cosifica en una mujer que es abandonada frente al escrutinio social; a un sistema judicial que debía ampararla y que, en cambio, la revictimiza con indiferencia burocrática.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“Hoy se aprecia en murales pintados por activistas, en marchas feministas, en pancartas que la rescatan como un recordatorio incómodo: Chile decide qué memorias merecen dignidad. Porque la memoria, cuando es administrada, deja de ser un ejercicio de verdad para convertirse en una operación política. Un país que sitúa al rostro de Mistral en su billete pero no logra conducir un juicio justo para Marín no está honrando a sus mujeres: está gestionando su imagen.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Los días pasan y los culpables continúan libres. Gabriela solicita ser internada en el hospital de San Fernando. Existe una necesidad de aislamiento. Ella lo pide. Le responden que no hay camas disponibles. Y es, quizás, esa sentencia la que lograr resumir la distancia entre el relato oficial de un país que se enorgullece de sus mujeres y la realidad concreta que las desampara.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Un mes después, el 6 de septiembre de 2012, Gabriela se suicida en su casa. Mujer. Veinte y tres años. Dos hijos. La carta que dejó —“Perdóname . . .  Te pido que esto no se quede así” (Revista Paula)— la encontró su hermano Juan de 24 años.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">La prensa apenas retuvo su nombre. No hubo editoriales indignadas. No hubo discursos ministeriales. No hubo cadenas nacionales ni homenajes. No hay amigos para el fracaso. Su memoria quedó encriptada al silencio institucional. Hoy se aprecia en murales pintados por activistas, en marchas feministas, en pancartas que la rescatan como un recordatorio incómodo: Chile decide qué memorias merecen dignidad. Porque la memoria, cuando es administrada, deja de ser un ejercicio de verdad para convertirse en una operación política. Un país que sitúa al rostro de Mistral en su billete pero no logra conducir un juicio justo para Marín no está honrando a sus mujeres: está gestionando su imagen.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“Una encarna el país que se exhibe en los actos cívicos; la otra, el país que se esconde detrás del pizarrón. Y así funciona nuestra pedagogía nacional: se enseña a recordar aquello que prestigia al curso y a borrar del cuaderno lo que incomoda.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Las dos Gabrielas se leen como semejantes a las preguntas opacas que se enuncian desde una prueba escolar: interrogantes que se disfrazan de simpleza, pero que obligan a reflexionar sobre qué se evalúa realmente. Una encarna el país que se exhibe en los actos cívicos; la otra, el país que se esconde detrás del pizarrón. Y así funciona nuestra pedagogía nacional: se enseña a recordar aquello que prestigia al curso y a borrar del cuaderno lo que incomoda. La memoria se armoniza como una pauta de corrección que reparte puntos, bonificaciones y omisiones. A una Gabriela se le otorga posteridad; a la otra nada. Esa distribución desigual del recuerdo no es azar ni superflúa: es un proyecto cultural que define quién merece ciudadanía simbólica y quién queda fuera de la hoja de respuestas. Chile rinde siempre la misma prueba. Y casi siempre la aprueba con honores.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">La distancia entre ambas Gabrielas no se atrinchera únicamente en lo temporal: es una longitud política, ética, estructural.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Por tanto, la pregunta para la prueba no es sobre literatura ni sobre historia. Es, más bien:</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">¿qué nos dice más sobre Chile?</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">¿El discurso en Estocolmo o la carpeta judicial archivada?</p>
<p style="font-weight: 400">(Ojo, Piojo: respuesta abierta, puntaje máximo).</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Referencias bibliográficas</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Revista Paula. “Por qué se suicidó Gabriela.” <em>La Tercera / Paula</em>, día mes año, <a href="https://www.latercera.com/paula/por-que-se-suicido-gabriela/">https://www.latercera.com/paula/por-que-se-suicido-gabriela/</a>.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><span style="font-size: revert">.</div>
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		<title>Desde el sur, la poesía no se rinde: Entrevista a Rosabetty Muñoz, Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2025/12/07/rosabettymunoz/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Benjamín Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Dec 2025 22:52:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Rosabetty Muñoz]]></category>
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					<description><![CDATA[“Yo creo que para eso sirven los premios: para ir abriendo ventanas hacia distintos lugares y produciendo encuentros. A mí siguen interesándome mucho los seres humanos, las personas me gustan mucho, a pesar de que hay personas horrendas, también es interesante.”]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="et_pb_section et_pb_section_1 et_section_regular" >
				
				
				
				
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: justify">Por <a href="https://haciaelsur.cl/author/benjaminecontreras/"><strong>Benjamín Contreras</strong></a>, Esteban Contreras, Sebastián Vivanco Lorca</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Se ha reconocido en Rosabetty Muñoz una de las voces más hondas y singulares de la poesía chilena contemporánea. Nacida en 1969, en Ancud, Chiloé, su escritura se ha trenzado con la respiración de las islas, con la memoria de las mujeres del sur y con la persistencia de una naturaleza que se resiste a ser borrada por el vértigo del progreso y el extractivismo. Desde <em>Canto de una oveja del rebaño</em> (1981) hasta <em>Hijos</em> (1991), <em>Sombras en El Rosselot</em> (2002) y <em>Ligia</em>(2020), se ha configurado un territorio poético donde lo íntimo y lo colectivo se aúnan en favor de la gestación de una palabra que encarna la tensión entre el desarraigo y la pertenencia.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Desde este marco, se ha dicho que su poesía “habita la pérdida, la transforma en materia viva, en un lenguaje que todavía busca reparar” (Amaro 118). Allí donde la modernidad erosiona los bordes, se levantan las voces que Muñoz rescata: las del trabajo, la infancia y los cuerpos anónimos del archipiélago. Por ello, su obra ha sido leída no solo desde una envergadura testimonial asociada con lo lírico, sino también se ha concebido como una forma de resistencia cultural y de afirmación de lo local frente al centralismo y la homogeneización del discurso nacional. Se advierte en su figura una doble pertenencia: la del oficio docente y la del ejercicio poético, ambas entendidas como actos situados, de cuidado y de transmisión. Su escritura no se desvincula de la experiencia comunitaria, pues se arraiga en ella, haciendo visible un modo de estar en el mundo que une palabra y territorio.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Entre los múltiples galardones de la poeta, se destaca el fallo del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2024, donde el jurado relevó cómo la autora “escribe una poesía situada, que nos habla desde la naturaleza, los paisajes, las costumbres y los ritos de las islas de Chiloé, mostrando cómo el capitalismo acelera la pérdida de tierras y formas culturales” (Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio). De esta forma, el reconocimiento no solo consagra una trayectoria de más de cuarenta años, sino que también reafirma la vigencia de una voz que interpela desde los márgenes del país y desde una ética de la memoria.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">La presente entrevista se realizó de manera virtual en octubre de 2025, con la poeta en su residencia de Ancud y el equipo entrevistador en San Fernando, para <em>Revista Hacia el Sur</em>. En aquel encuentro se buscó escuchar el pulso de una obra que ha seguido interrogando los márgenes desde donde se renueva la poesía chilena y su modo de pensar el país desde el sur, donde la memoria se ha experimentado gesto y el lenguaje, casa.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><strong>¿Cómo conviven usted la figura de maestra y de poeta? ¿Se roza, se tensa, se fecunda el oficio?<br />
</strong>Sí, en realidad como recurrentemente me llevan a este tema y es difícil cambiar los hechos, la realidad, como uno la recuerda, pero yo creo que fundamentalmente Gabriela Mistral ha sido central en mi proceso tanto de escritura como de formación pedagógica por la ocasión o la forma en que ella llegó a mi vida.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">[Gabriela Mistral (1889–1957) fue maestra rural, poeta y diplomática chilena. Siendo la primera mujer latinoamericana en obtener el Premio Nobel de Literatura, su obra entrelaza la docencia con la ética del cuidado, configurando una poética del magisterio que marcó generaciones de lectores y escritores latinoamericana]</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“Gabriela Mistral ha sido central en mi proceso tanto de escritura como de formación pedagógica. Su figura encarna para mí una estatura moral y heroica que define la pedagogía como un acto de rigor y de entrega, una forma de trascender la vida común.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Siento que en la primera niñez, cuando uno está más curioso, abierto a todos los elementos del mundo, la poesía puede hacer un tremendo trabajo, yo lo siento como profesora, el hacer llegar ese lenguaje que es una lengua misteriosa y rítmica, llena de musicalidad, que es una cosa que encanta a los niños. Y yo soy muy agradecida tanto de mi madre como de las profesoras de primer ciclo básico que me enseñaron poemas de Gabriela Mistral cuando yo ni siquiera comprendía lo que decían ni comprendía mucho de los sentimientos tan dramáticos, trágicos, que Gabriela Mistral mostraba en algunos poemas, porque yo no me aprendía solamente las rondas, sino que me enseñaron poemas mucho más contundentes.<br />
Debo haber tenido unos diez o doce años cuando aprendí los sonetos de la muerte, por ejemplo, y son cuestiones que marcan absolutamente no solo la educación sentimental, sino que el imaginario del que después he estado trabajando y sacando el material de mi propia escritura.<br />
Respecto de lo de profesora, siento que hay un ingrediente de una estatura moral y una estatura heroica, incluso, en cómo plantea la pedagogía Gabriela Mistral. Con un nivel de exigencia y de rigurosidad que yo creo que fue lo que a mí más me conquistó desde el principio.<br />
Yo no sé de la generación de ustedes en realidad, pero en mi tiempo, que uno termina siempre hablando como varias décadas para atrás, uno buscaba una estatura superior para darle sentido en realidad a la vida. Por un tiempo quería ser misionera, creía en esto de la santidad, quiero decir, son búsquedas adolescentes por darle un sentido, una significación más profunda a la vida de uno y en esos avatares encontré de nuevo a Gabriela Mistral, de otra manera, con toda su biografía, que fue para mí muy importante. El tema que haya sido una mujer que se la batió sola, es decir, sin la típica fórmula que haya estado formada para ser esposa y madre, sino que ella hizo una vida personal propia a su ritmo, con su propio impulso vital, que anduvo por tantos países, una mujer viajera, pensadora, con opinión política.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“Me da pena cuando las chicas tienen como modelo a mujeres que son pura superficie e imagen. En cambio, Gabriela Mistral y otras mujeres de su tiempo ofrecían una potencia espiritual y vital que aún nos construye.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: center">Yo creo que todo eso me conquistó en la adolescencia y yo soñaba, era como heroína. Por eso digo que a veces me da una pena cuando las chicas tienen de modelo algunas mujeres que son pura superficie e imagen y en cambio uno tuvo por lo menos algunas de estas mujeres con una potencia espiritual, una potencia vital. Uno se va construyendo todo el tiempo y yo creo que lo que uno lee, lo que hace que entre a su vida forma parte integral de lo que uno termina siendo, y yo me alegro mucho de que hayan puesto en mi pupitre, en la escuela primero, en mi casa, a Gabriela Mistral.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><strong>Usted ha afirmado que creció escuchando a su madre y a adultos relatar historias que eran fantásticas, pero que se presentaban como si fuesen verdad. En este sentido, ¿cómo dialoga esa tradición oral con su escritura?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Cada vez más integrada. Yo empecé a escribir desde muy niña, pero digamos que cuando yo considero que empezó a ser un oficio, con la seriedad que merece aquello, con el nivel de lectura con el rigor y la intensidad que ha sido, fue alrededor de los veinte años. O sea, hace más de cuarenta que soy escritora, como yo considero que es un escritor, que la palabra es el centro de todo, incluso de sus decisiones vitales.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“Cada vez me interesa más escuchar y atender a lo que oigo. Las voces de las mujeres chilotas, sus giros, sus historias, su manera de entender el mundo, son una materia viva. Mi poesía está profundamente comprometida con esa oralidad.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">En principio estaba como muy libresca, como muchos de nosotros cuando vamos descubriendo poetas extraordinarios, uno tiende a ir reproduciendo ciertos tips, ciertos movimientos, empieza a fascinarse con la lengua de otros y eso es muy bueno que pase también. Entonces creo que toda esa etapa primera me sirvió para llegar después a conclusiones o no conclusiones, nada está concluido, pero algunas apreciaciones como más personales y empecé a apreciar mucho más cada vez a escuchar y a ponerle atención a lo que oía, sobre todo en el contexto de mi mundo particular, propio de la comunidad donde vivía, y me empezaron a interesar mucho las voces de las viejas mujeres chilotas. Me dedicaba a notar muchas frases, giros del lenguaje, historias, yo creo que no hay nada que uno pueda imaginar que tenga el mismo peso que la vivencia o la experiencia vital de otros que la cuentan a veces con una libertad que no aspira ni pretende nada más que comunicar. Pero esa comunicación tan intensa que da a veces no solo el hecho, sino que la apreciación personal de ese hecho es lo que me ha hecho a mí llegar cada vez más a una literatura que yo encuentro que está profundamente comprometida con lo oral, hay poemas míos donde no hay nada mío, solamente el título, por ejemplo. Es decir, yo he reproducido diálogos completos de algunas personas y eso me interesa mucho, ese territorio es el que más me interesa.<br />
Cada vez he estado haciendo más, ha ido ocupando más espacio esa habla, esa transmisión de una materia que yo encuentro completamente viva, que es la experiencia de otros, cada vez tiene más lugar en mi poesía.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">[La oralidad ocupa un lugar fundante en la poesía de Muñoz, en sintonía con la tradición etnográfica chilota. Verbigracia, en <em>En nombre de ninguna</em> (1999) y <em>Polvo de huesos</em> (2012), la autora incorpora voces comunitarias y giros dialectales que restituyen una memoria colectiva]</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><strong>A menudo se la asocia al sur por su procedencia, pero en su poesía el sur parece más bien una respiración, una manera de percibir. Desde este marco, ¿qué significa para usted pensar poéticamente desde el sur?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Me gusta lo que dijiste, yo creo que es un triunfo de la escritura o de que de alguna manera he logrado hacer lo que me interesa. Yo no estoy aquí en el sur solamente, como lo he dicho en otras oportunidades, por un accidente de nacimiento o porque aquí están mis padres, porque mi madre es de aquí, de un sector rural de Ancud, sino que, por elección, llega un momento en que uno toma definiciones. De hecho, hay una anécdota, un poeta muy querido para mí, cuando yo tenía como alrededor de veinticinco me dijo: “tienes que irte a Santiago, si quieres que tu poesía tenga un lugar en la literatura chilena”. Y yo le dije: “yo no voy a cambiar”, o sea, yo entiendo que la instalación vital en un territorio tiene que ver también con un espacio mental, cuando a uno le interesa realmente la escritura, que tenga un sentido y que se relacione, que se trence un poco con el destino de la comunidad también, de la historia local. A mí me interesa muchísimo eso.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Ayer estaba escuchando una canción que me gusta mucho de Joan Manuel Serrat, que se llama Pueblo Blanco, es una descripción muy desesperanzada, oscura respecto de un pueblo en el que no pasa nada. Se empieza a hablar de que cada uno de los personajes se muere, y que morir y nacer no tiene ningún sentido porque todo es lo mismo, el sol le pega encima, le cuesta el trabajo para producir algo. Da una imagen tremenda de lo que es un pueblo pequeño. Es líricamente preciosa la canción, pero yo pensaba que no puedo estar más distante de eso, siento que la instalación, no solo del imaginario, sino que como experiencia también es como escritora, pero también como ciudadana, como habitante de un lugar comprometida con que la palabra tiene que tener un sentido en esa comunidad, tiene que tener un papel dentro de habitar un determinado lugar.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Yo creo que no es un accidente que uno quiera quedarse en su pequeño lugar y yo soy totalmente contraria al tema de que es aburrido. Creo que no puede haber nada que sea menos aburrido que un pueblo pequeño, en el sentido de que lo que ocurre en la superficie, en la capa superior, puede parecer que es plana, que el tiempo es siempre lo mismo y que va dando vueltas con una cierta cadencia muy lenta. Pero lo que subyace, lo que está abajo en la superficie, es tan intenso que basta que uno tenga el ojo más aguzado para ver las profundidades del alma humana que están igual presentes ahí. No en vano Tolstoi decía: “cántale a tu aldea y será universal”, porque yo creo que no tiene que ver solo con el lugar, sino que lo que a mí me interesa es lo humano y su relación con el entorno del mundo en el que se mueve aquello que llamamos humano. Es decir, las profundidades abisales a las que puede llegar el corazón del hombre, las maravillas que puede hacer y también el horror que puede hacer están en un espacio pequeño mucho más expuesto para que uno pueda revisarlos con tranquilidad y finalmente reproducen lo que es en cualquier otro lugar.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“No me interesa un sur paradisíaco ni maldito, sino el desafío de mirar cuántos de nosotros mismos encontramos en estos lugares. En los espacios pequeños se revelan las profundidades del alma humana.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">No me interesa un sur paradisíaco ni maldito, sino el desafío de mirar cuántos de nosotros mismos encontramos en estos lugares. En los espacios pequeños se revelan las profundidades del alma humana. Como dice Kavafis en el poema de la ciudad, la gente vive soñando otras vidas, “iré a otro pueblo”, “iré a otra ciudad”, “seguro que debe haber un lugar donde voy a ser más feliz”. No, Kavafis lo dice magistralmente, una voz le responde: “no habrá otra ciudad para ti, si en este pequeño lugar la destruiste, en toda la tierra la destruiste”. Para mí esa explicación respecto de buscar voladores de luces o el esplendor de las ciudades es una búsqueda inútil cuando todo aquello que podrías encontrar aquí está también en estos pequeños lugares.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">[Se alude al poema <em>La ciudad</em> (1910) del poeta griego Constantino Kavafis, donde la imposibilidad de huir de uno mismo se articula como metáfora de la condición humana y del destino]</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">El sur me interesa como forma también de conocimiento, es como cuando uno entra en el periodo de la adolescencia, siento que es lo más interesante de todo, que uno puede explorar en ese mundo o en esos mundos inagotables que hay dentro de uno, porque de verdad es que lo son. Son extraordinarios mundos dentro de uno. ¿Pero para qué quiere averiguar todo eso? Para entablar relaciones con otros que también tienen universos extraordinarios dentro de sí mismo. Así siento yo que es esto de la literatura, de la poesía. Una comunicación, pero a unos niveles de densidad que permiten que, explorando los pequeños espacios, uno pueda ser capaz de abrir al diálogo con cualquier otra comunidad así de pequeña o que aspiran a ser grandes.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><strong>¿Usted cree que esta forma de ver el sur sea necesaria para comprender al resto del país?<br />
</strong>Yo creo que es la única o una de las pocas esperanzas que tenemos. Centrarnos en nuestros pequeños lugares, y ojalá mirar hacia atrás, lo que los mayores hacían para sobrevivir, en los tiempos tan apocalípticos que se avecinan. Yo creo que con la oscuridad, no solo con los temas económicos, sino que la violencia o una pérdida de sentido en términos generales de la vida humana ha generado un cambio de paradigma. Si ya no comprendes el mundo total en el que estás inserto, si no vuelves a mirar la naturaleza, si no vuelves a poner atención a que somos solamente uno más de los elementos de un ecosistema completo, va a ser difícil que podamos sobrevivir, no solo como especie, sino que en todo lo que nos está pasando en términos de comprender y de pensar el futuro, si es que existe un futuro.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“Los profesores no podemos no tener esperanza. Si no creemos en el porvenir, no sé qué hacemos en la pedagogía. La palabra, el aprendizaje y la poesía son también actos de fe en la humanidad.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Yo creo que una de las formas que va a ser más acertada y que tiene esperanza es esto de volver a los pequeños lugares, a la historia de nuestros antepasados, de nuestros mayores, porque de ahí se puede sacar sabiduría, formas de entendimiento, formas de producción para alejarnos del capitalismo que ha sido salvaje, que ha sido uno de los grandes males no solamente en términos de explotación de los recursos, del extractivismo que ha sido feroz, sino que además en términos de lo que nos hace más humanos, es decir, eso de volvernos completamente individualistas, de ser más que ciudadanos consumidores, gente que está desesperada por el placer y que no es capaz de volver a las cosas más sencillas y simples. Yo creo que un camino es este, no es solamente un conocimiento de sí mismo, sino que es un camino también pensando en un porvenir, que estamos obligados a creerlo. Los profesores no podemos no tener esperanza, si no, no sé qué hacemos en la pedagogía. Hay que tener esperanza.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><strong>En muchos de sus poemas el paisaje, por ejemplo, se siente corporal, táctil y con una presencia relevante. Desde este eje presente en su poesía, ¿cómo se percibe esa frontera entre el cuerpo y el de la tierra?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">A mí me encanta esa pregunta, pero es difícil de responder porque lo que logro yo, con el trabajo respecto de todos estos temas, es con la palabra lírica, es ahí donde me las juego todas y es ahí donde he dicho lo que podría decir. Yo creo que tiene mucho que ver con la condición isleña, me da la impresión que está muy ligado físicamente y también mentalmente esta idea de la tierra, del espacio como un cuerpo muy femenino encuentro yo, como esto de las pequeñas lomas suaves, las entradas de los canales y te provoca, y siempre hay por ahí alguna casa, algún elemento vital. Me da la impresión de que todo eso es muy maternal, en el mejor de los sentidos. Siempre para mí, el océano, el mar abierto, esas olas estallando contra las rocas, me recuerda más a lo masculino, es decir, es muy básico tal vez hacer en estos dos focos, pero entre medio, por supuesto, hay muchos otros temas que podríamos tratar, pero en rigor yo podría decir que eso es lo lleva también la escritura hacia lo corporal. En este sentido, tengo una inquietud respecto de lo que ha sido la percepción de sí mismas que tienen las mujeres que viven en condiciones como las isleñas.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Hace como dos o tres años, hicimos un proyecto con una socióloga: fuimos por varias islitas pequeñas de Chiloé donde todavía queda (si queda cultura de la que llamamos de tradición, con ese peso de lo mítico, si queda alguna parte de estas islas pequeñas) y estuvimos yendo a conversar a las casas donde hay muchas mujeres solas, muchas ancianas. Les preguntamos cosas bastante íntimas acerca de la percepción de ellas mismas, y el papel que tuvieron desde niñas, desde jóvenes, las distintas etapas, su encuentro con lamentación, por ejemplo, y después con su pareja, etcétera. Y es tremendo, eso sí que es dramático escuchar los testimonios, muchas de esas frases, de hecho, las estoy preparando para un poemario, pero hay en un libro que se llama <em>Avísame cuando llegues</em>, es un texto con varias escritoras chilenas y nos instaron a participar y allí yo mandé un texto que está construido con puras frases que escuché en esas islas. Hice una selección de esas entrevistas y es tremendo ver cómo hay una separación absoluta entre <em>lo cuerpo</em>, que es como lo animal, así se ve en la que trabaja, la que hace cercos, la que pica leña, tiene guaguas y toda la percepción de su valor como mujer no tiene lugar en eso, en esa percepción de lo corporal. Entonces todos esos elementos yo también los uso mucho en mi poesía.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">[El proyecto aludido corresponde a un trabajo colaborativo de campo realizado por Muñoz en las islas menores del archipiélago de Chiloé hacia 2021, centrado en las representaciones del cuerpo femenino y la transmisión de saberes orales. Parte de esos registros fueron integrados al libro colectivo <em>Avísame cuando llegues</em> (Santiago: Planeta, 2022)]</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><strong>¿Qué cambios ha visto en la forma en que las mujeres del sur escriben o se relacionan con la palabra o cómo son representadas, después de tantos años de docencia y trabajo cultural?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Ha cambiado muchísimo. Llega como siempre a los lugares más periféricos y que, si queremos llamarlos de alguna manera, son lejanos de algunos centros, llega con cierto retardo. Este es un mundo bastante conservador, pero aun así a mí me tocó ya ver las últimas generaciones de mujeres, como, a ver, recuperando un poco el poder de las mujeres, porque acá han sido siempre muy fuertes. Yo recuerdo tías, abuelas, mi madre, mujeres muy poderosas que no solo se hacían cargo de la crianza de los hijos, de las labores, a veces de las labores más tremendas, porque la isla, como ustedes saben, históricamente —y a mí me tocó verlo mucho en mi familia— se iban los hombres, porque acá las condiciones económicas no eran, nunca han sido buenas, y se iban a trabajar al sur argentino, a la Patagonia chilena también.<br />
Y entonces varios meses se quedaban ellas a cargo de todo: eso significaba la siembra, la pesca, la marcada, los cercos, la leña, todo lo que tenían que procurar ellas, además de criar a los hijos, etcétera. En esa fortaleza, que era fortaleza física pero también de carácter, de ser un carácter muy poderoso de estas mujeres que sostenían el mundo en realidad, también después empezó de a poco a tomar otros papeles. Por ejemplo, casi todas las dirigentas vecinales acá son mujeres: de las juntas de vecinos, de los clubes de ancianos, muchas directivas de mujeres en los colegios, en las directivas de padres y apoderados y de estudiantes también son mujeres. Es como ir tomando paulatinamente papeles que antes no se tomaban, como lo público, por ejemplo. Pero también uno ve lo frágil que es todo eso, porque sabemos cuánto tienen que ver todas las decisiones políticas. Por ejemplo, uno de los temas que yo como profesora he visto muchísimo es el tema de los embarazos adolescentes. Y quiero decir que eso, que era tan castigado socialmente, ahora tal vez no lo es, pero el peso sigue siendo de las mujeres todavía, aun hoy, de las chicas de quince, catorce, dieciséis años que quedan embarazadas y que ven cómo la vida se les viene encima y no tienen ninguna opción. Y desgraciadamente son muchas mujeres las que reproducen ese machismo.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><strong>Frente a esta amenaza del machismo, y considerando las grandes conquistas de las mujeres, ¿qué memorias o gestos comunitarios siente que su poesía intenta preservar o volver a poner en circulación como una manera de contribuir a rescatar o mantener estas conquistas?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">A mí no me parece que la poesía tenga que ser tan declarativa. Yo podría reconocer algunas cosas que aparecen, que a mí me interesan mucho. Por ejemplo, me parece que la solidaridad de las mujeres, la solidaridad concreta, experiencial, vale tres veces lo que cuesta cualquier declaración de un manifiesto feminista que ha sido construida en una universidad. Es decir, estas mujeres que no necesitan que les hablen de sororidad para tener un profundo nexo, una con otra, en ayudarse en estas comunidades pequeñas. Eso me parece una cuestión que yo querría que sea uno de los valores que se representan, que se reconozcan, y sobre todo que las mujeres lo reconozcan:  hay un poder de solidaridad profunda entre las mujeres antiguas y que se ha extendido a lo largo de las generaciones como un valor encuentro sustancial. Eso me interesa mucho.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“me parece que esa es una brillantez femenina también: la de armar mundos y sostener mundos. Es decir, todo el relato, todo lo mítico que hay acá, yo creo que ha salido de la voz de la oralidad de las mujeres.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Lo otro es la capacidad de sostener un espacio vital, de formar ambientes dentro de las casas. Para esto de la pandemia, por ejemplo, escribí un libro que se llama <em>La voz de la casa</em>, que publicó la Universidad Católica del Maule, que eran puros recuerdos que yo tenía de cómo adentro de la casa se podían vivir espacios de felicidad también, espacios de encuentro profundo. Porque cuando estuvimos obligados a entrar, a quedarnos dentro de las casas, empecé a recordar lo que hacían mi madre y muchas otras mujeres de acá con los inviernos, estos largos inviernos en que no se podía salir por esos temporales tremendos, y tenían varios niños, y tenían que tenerlos adentro de las casas. Yo he trabajado hartos textos sobre eso, porque me parece que esa es una brillantez femenina también: la de armar mundos y sostener mundos. Es decir, todo el relato, todo lo mítico que hay acá, yo creo que ha salido de la voz de la oralidad de las mujeres. Ellas son las que cuentan esos cuentos, las que han inventado y las que han creado todo un relato que sigue conservándose hasta hoy. Yo creo que esas son como pilares o piedras angulares dentro de lo que considero como lo mejor de los mundos antiguos.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Igual ciertas reservas de saberes que tienen que ver con la naturaleza, con el conocimiento de la naturaleza, con el respeto al tema de las mareas, de los cultivos, es decir, toda esa sabiduría que se ha transmitido oralmente, yo creo que también es otra piedra angular de este mundo que hay que mirar con detención para tratar de conservarlo.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><strong>¿A quién cree que le habla hoy en día su poesía?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">En realidad, uno escribe, no es que exista un lector. Uno en realidad escribe, pero, por otro lado, yo soy un habitante de Chiloé, también una ciudadana, una madre, una abuela, y me gustaría que lo lean mis vecinos. O sea, que la gente que está por acá cerca, que ojalá dijera esto, como el otro día pasó en una comunidad de lectores: estábamos leyendo a Edesio Alvarado, que para mí es uno de los escritores más extraordinarios que hay en Chile. La comunidad leyó las obras completas, y una de las integrantes de la comunidad dijo: “Esos no son personajes, esos son mis vecinos”. Eso para mí es un comentario extraordinario. Que uno pueda hacer que la gente que debería ser el primer lector —el que me gustaría a mí que me lea— sea la de acá primero: mis vecinos, mis hijos, mis nietos, los que han sido estudiantes míos. Imagínense, en cuarenta años, cuántas generaciones habrán pasado. Serían los primeros lectores. Pero para que vean ustedes la paradoja: creo que es donde menos se me lee, en Chiloé. Ocurren esas cosas. Por otro lado, también tiene su parte buena: uno sigue siendo igual que cualquier persona que va por la calle, nadie te está hablando de tus libros ni nada de eso. Recién me empezaron a poner atención cuando empecé a salir en la prensa, cosa que también es triste, porque es como reproducir el mismo sistema desde el centro: señalan a alguien y entonces lo ve la gente que está alrededor. Eso es triste que pase, pero honestamente me acomoda.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Me acomoda ir a comprar a la farmacia y que esté atendiendo un exestudiante y que me pregunte cómo lo he pasado en el invierno más que estar hablando de cosas que igual a uno le da pudor, andar hablando sobre su trabajo, etcétera. Es como raro en el lugar donde uno vive. Pero en la intimidad de la lectura, libro-ojo, me gustaría ser leída por, como digo yo, esta parte primero; pero después, claro, ojalá se abran más espacios de lectura.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><strong>Al recibir el Premio Iberoamericano Pablo Neruda, ¿cómo vivió esa visibilidad desde su identidad peninsular y periférica?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Todo lo que me ha pasado literariamente, que ha sido mucho y muy bueno, ha sido paulatino, en cuarenta años bien distribuido sí, pero yo he tenido alegrías muy grandes. El Premio Altazor, que a mí me gustó mucho porque es un premio que dan los pares y que firmaban, o sea, ellos votan. Había un colegio votante de más de cien escritores, entre los cuales había varios premios nacionales, por ejemplo. Eso fue muy impactante.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“Yo creo que para eso sirven los premios: para ir abriendo ventanas hacia distintos lugares y produciendo encuentros. A mí siguen interesándome mucho los seres humanos, las personas me gustan mucho, a pesar de que hay personas horrendas, también es interesante.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Y hay muchos reconocimientos que han llegado que han sido como un gran incentivo para seguir. Esa es una cosa. Y la otra, porque van abriendo campos de lectura; o sea, no solo quienes te leen, sino que más lectores, y eso es un diálogo siempre. Para mí es un milagro que alguien vaya y me diga “leí su libro”, “sentí esto”. Hay gente que dice lo que le ha pasado con los libros. Eso es emocionante para mí. Yo creo que para eso sirven los premios: para ir abriendo ventanas hacia distintos lugares y produciendo encuentros. A mí siguen interesándome mucho los seres humanos, las personas me gustan mucho, a pesar de que hay personas horrendas, también es interesante. Me gustan mucho las personas. Será por mi formación, no sé, pero me gusta mucho. Y entonces lo que van a hacer los premios es esto: ir abriendo espacios de lecturas nuevas. Y también la cosa económica es muy buena, porque yo empecé, primero vengo de una infancia que era bastante humilde. Después tuve que trabajar harto, empecé a tener hijos, todo. Siempre fue el tema económico difícil, no para llorar, no era miserable, pero no podía comprar libros, por ejemplo. En cambio, ahora puedo comprar los libros que necesito y que quiero. Eso para mí es uno de los privilegios más grandes que tengo. Todos los libros que quiera. Eso encuentro que ya es como llegar a un estado casi de flotación, así como de elevación.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">[Rosabetty Muñoz ha recibido el Premio Altazor de las Artes Nacionales (2013) por <em>Polvo de huesos</em> y el Premio Pablo Neruda (2024), ambos otorgados por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile. Estos reconocimientos consolidan su figura como una de las voces más relevantes de la poesía chilena contemporánea]</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Antes, yo entré a trabajar a los veintitrés años y ya era la vieja de Castellano. Lo único que me gustaría agregar es que es una profesión extraordinaria, desgraciadamente está muy degradada. Yo creo que lo peor que nos ha pasado a los profesores es que hemos perdido la consideración social. La gente ya no valoriza el trabajo, los apoderados, las familias no valorizan el peso que tiene el trabajo pedagógico y, por lo tanto, no apoyan como apoyaban en otro momento y compartían la formación, esto de formar almas que decía Gabriela Mistral. Eso es como triste, y en una sociedad tan tremenda como la que estamos viviendo. Bueno, en fin, hay muchas cosas en lo pedagógico para hablar.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">[La entrevistada retoma la noción mistraliana de “formar almas”, expresión recurrente en los <em>Recados</em> (1934), donde Mistral articula una pedagogía espiritual y estética en torno al oficio docente]</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">A lo largo de esta entrevista, Rosabetty Muñoz reafirma que su escritura no puede separarse del territorio ni de la comunidad que la sostiene. Desde la memoria oral de las mujeres chilotas hasta la conciencia crítica frente al extractivismo y a los modelos culturales que erosionan la vida local, su palabra se ofrece como un acto de resistencia íntima y colectiva. La poeta insiste en la potencia de los pequeños lugares, en la necesidad de volver a los saberes transmitidos por generaciones y en la capacidad humana —particularmente femenina— de sostener mundos incluso en condiciones adversas.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Desde este marco, Rosabetty reivindica la “potencia espiritual y vital” de la mujer, así como proyecta su papel no desde un carácter pasivo frente a las contingencias que permean la vida social y privada de ellas, sino como aquellas que contribuyen a darle forma a estos aspectos de la vida isleña creando y preservando cosmovisiones y formas de vida de las que la literatura, sea escrita u oral, tampoco es disociable.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">En este sentido, su obra no busca proclamarse desde el centro, sino abrir diálogos desde los márgenes o lo local, donde aún es posible imaginar otras formas de convivencia, de cuidado y de porvenir frente al resto de regiones del país que han tenido mayor o menor protagonismo que su lugar de origen. Colocando así a Chiloé y su gente en el mapa nacional de manera subrayada.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Como la misma poeta señala, la esperanza es un imperativo ético, especialmente para quienes enseñan y se vertebran en la palabra. Sobre la base de esta premisa, se espera que esta entrevista contribuya a difundir esas voces, gestos y memoria que su poesía resguarda, y que, como ella sugiere, continúan iluminando el sur como un espacio desde donde todavía es posible pensar el país y, sobre todo, la humanidad.</p>
<p style="font-weight: 400"><strong>Referencias bibliográficas</strong></p>
<p style="font-weight: 400">Amaro, Lorena. <em>Poesía chilena actual: desplazamientos, filiaciones y fracturas</em>. Cuarto Propio, 2018.</p>
<p style="font-weight: 400">Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. <em>La poeta y docente chilena Rosabetty Muñoz es la nueva ganadora del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2024</em>, 27 jun. 2024,<br />
<a href="https://www.cultura.gob.cl/actualidad/la-poeta-y-docente-chilena-rosabetty-munoz-es-la-nueva-ganadora-del-premio-iberoamericano-de-poesia-pablo-neruda-2024/">https://www.cultura.gob.cl/actualidad/la-poeta-y-docente-chilena-rosabetty-munoz-es-la-nueva-ganadora-del-premio-iberoamericano-de-poesia-pablo-neruda-2024/</a>.</p>
<p><iframe title="Rosabetty Muñoz" width="1080" height="608" src="https://www.youtube.com/embed/fuARJrLDT1A?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
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		<title>Donde el terror piensa: Reseña a Sin ojos y otros cuentos brasileños inquietantes (La Pollera Ediciones, 2024)</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2025/11/06/sinojos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Benjamín Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Nov 2025 21:27:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[La Pollera Ediciones]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura brasileña]]></category>
		<category><![CDATA[Terror]]></category>
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					<description><![CDATA[“En Sin ojos, los relatos anidados y los testimonios en segunda o tercera mano ponen en evidencia cómo el conocimiento sobre lo sobrenatural es siempre mediado, transmitido y sometido a un proceso de construcción discursiva. Por lo tanto, el terror se vuelve un acto epistemológico que reconoce su propia precariedad y dependencia de la narrativa para existir.”]]></description>
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: justify">Por <a href="https://haciaelsur.cl/author/benjaminecontreras/"><strong>Benjamín Contreras</strong></a></p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Existe en el terror un gesto fundante que, más allá de provocar el sobresalto, tensiona los lindes entre lo que se cree conocer y aquello que apenas se intuye, lo incierto. En <em>Sin ojos y otros cuentos brasileños</em> <em>inquietantes</em>, antología publicada por La Pollera (2024) y traducida con por Ana Lea-Plaza y Fernando Pérez Villalón, este gesto se despliega con una privilegiada precisión. Los relatos que integran al compendio —firmados por nombres fundacionales como Machado de Assis, João do Rio, Júlia Lopes de Almeida, Humberto de Campos y Monteiro Lobato— confeccionan, en su materia narrativa, un espacio donde el terror actúa como un dispositivo epistemológico, evidenciando el tránsito del estremecimiento sensorial hacia la inquietud racional.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Los cuentos de <em>Sin ojos</em> beben de cuerpos fisurados y sentidos desbordados, confirmado por el total de diez relatos que componen el volumen. Cada autor aporta dos, destacándose el amplio abanico de registros y obsesiones en la compilación. Machado de Assis da apertura con “Sin ojos” y “Un esqueleto”: celos, cadáveres y narraciones que perforan. João do Rio firma “La novia del sonido”, donde la fiebre, la hipersensibilidad y lo sinestésico, guiado por un sentido hiperbólico, deforman la realidad. Júlia Lopes de Almeida, por su parte, transita del exotismo y su conjunción con el delirio en “La neurosis del color” a la ironía amarga que subyace en “A falência”. Lo que emerge es una constelación narrativa que documenta, con pátina de ficción, los sobresaltos históricos y simbólicos de las búsquedas del Brasil moderno y su conformación como nación.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“el terror dista de cerrarse como una categoría genérica, docilizada por la manufactura cultural o diluida en convenciones arquetípicas. Lo que esta antología entrega es un corpus donde el pavor funciona como nodo de tensión en la razón ilustrada, un resquicio por donde lo inasible —lo espectral, lo anómalo, lo ominoso— desestabiliza la troncalidad de lo real y, al hacerlo, desnuda su vertebración inestable.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">De modo tal, el terror dista de cerrarse como una categoría genérica, docilizada por la manufactura cultural o diluida en convenciones arquetípicas. Lo que esta antología entrega es un corpus donde el pavor funciona como nodo de tensión en la razón ilustrada, un resquicio por donde lo inasible —lo espectral, lo anómalo, lo ominoso— desestabiliza la troncalidad de lo real y, al hacerlo, desnuda su vertebración inestable. Como ha sostenido Sarlo, lo insólito “no es sólo un efecto de estilo, sino una impugnación del presente y de sus seguridades&#8221; (142). Desde este respecto, los cuentos de <em>Sin ojos</em> son factibles de leer como operaciones críticas sobre el conocimiento y sus restricciones, así como también de sus puntos de expansión.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“En <em>Sin ojos</em>, los relatos anidados y los testimonios en segunda o tercera mano ponen en evidencia cómo el conocimiento sobre lo sobrenatural es siempre mediado, transmitido y sometido a un proceso de construcción discursiva. Por lo tanto, el terror se vuelve un acto epistemológico que reconoce su propia precariedad y dependencia de la narrativa para existir.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">El dispositivo formal que articula esta inquietud es, con frecuencia, el mecanismo de la caja china. Verbigracia, ya sea en &#8220;Sin ojos&#8221; de Machado de Assis o en &#8220;Los ojos que comían carne&#8221; de Humberto de Campos, el lector accede a relatos que contienen otros relatos, versiones que se pliegan sobre sí mismas y que se narran en sobremesas burguesas o en tertulias literarias, donde, entre la erudición, el espanto se presenta como un entremés, al tiempo que se enraíza en la estructura social. Este juego de cajas chinas opera como un correlato formal de la imposibilidad de acceder de manera directa a lo real. Como expone Genette, la narración encajada no solo es un juego formal, sino una estrategia de &#8220;distanciamiento y duplicación que interroga la verdad y la autenticidad del relato&#8221; (96). En <em>Sin ojos</em>, los relatos anidados y los testimonios en segunda o tercera mano ponen en evidencia cómo el conocimiento sobre lo sobrenatural es siempre mediado, transmitido y sometido a un proceso de construcción discursiva. Por lo tanto, el terror se vuelve un acto epistemológico que reconoce su propia precariedad y dependencia de la narrativa para existir.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Es precisamente en esa zona de opacidad donde el terror se revela como dispositivo epistemológico. En <em>The Supernatural Horror in Literature</em>, Lovecraft sostiene que &#8220;la emoción más antigua y más fuerte de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más fuerte de los miedos es el miedo a lo desconocido&#8221; (12). Desde esta óptica, los relatos reunidos exploran ese miedo no desde lo grotesco explícito, sino desde la grieta cognitiva que se abre cuando lo racional fracasa y lo espectral irrumpe. Si se acepta la premisa de que el tránsito entre el mundo tribal, orientado hacia lo primitivo, y el pilar de la cultura moderna se define, con énfasis, por la emergencia de la racionalidad —esto es, por la subordinación del conocimiento a la experimentación, a la lógica de la hipótesis y a la búsqueda de una objetividad despojada de lo mágico—, entonces el terror literario se revela como una forma de nostalgia por otros modos de saber. Como confirma Karl Popper, la sociedad tribal &#8220;no deja espacio para la crítica racional&#8221;, pues su conocimiento está &#8220;fuertemente vinculado al mito, la costumbre y la sanción mágica&#8221; (173). La añoranza del conocimiento sensitivo, del mundo animizado y su coyuntura mágica, se disuelve en el relato moderno junto con la colectividad tribal.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“La narración se recubre así de un esmalte de espera, de contención y desfase, que tensiona los umbrales entre lo sabido y lo incomprendido. Esa temporalidad diferida —marcada por la opacidad y ambigüedad— prefigura el verdadero eje desde el cual el terror se instala como una forma crítica de interrogar los límites del conocimiento y los dispositivos que lo configuran.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">En consecuencia, el terror y los entes sobrenaturales de estos cuentos no apelan a un registro exclusivamente sensorial, sino que tienden hacia una narración más focalizada en el relato, <em>telling</em>, que en el “espectáculo”, <em>showing</em>: lo relevante no es tanto la puesta en escena como la persistencia de una voz, de un relato que ordena y nombra —de forma consciente y articulada— aquello que parecía inadmisible. En esta dimensión, el terror se articula como una forma de conocimiento suspendido, donde el núcleo de lo inquietante no reside en la irrupción del evento traumático, sino en la dilación de su enunciación. Como afirma un personaje en “La más extraña molestia” de João do Rio: “Los secretos se hicieron para ser contados. La cuestión es cuándo” (87). La narración se recubre así de un esmalte de espera, de contención y desfase, que tensiona los umbrales entre lo sabido y lo incomprendido. Esa temporalidad diferida —marcada por la opacidad y ambigüedad— prefigura el verdadero eje desde el cual el terror se instala como una forma crítica de interrogar los límites del conocimiento y los dispositivos que lo configuran.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Este punto resulta particularmente fecundo si se considera el contexto histórico de las figuras autoriales reunidas en <em>Sin ojos</em>: el Brasil de finales del siglo XIX y comienzos del XX, atravesado por procesos de esclavitud, de abolición, blanqueamiento racial, modernización forzada y persistencias coloniales. Los relatos ficcionalizan miedos individuales o patológicos; no obstante, también cifran, en sus pliegues narrativos, los temores de una sociedad que se piensa moderna pero que arrastra espectros raciales, sexuales y políticos que no terminan de exorcizarse, tal como expone el breve pero acertado prólogo de los traductores. La representación de cuerpos racializados y feminizados, por ejemplo, no es un elemento asilado: encarna las tensiones de un orden social y proyecto de modernidad que requiere, a un mismo tiempo, temer y deshumanizar aquello que percibe como amenaza. Así lo revela, con aspereza deshuesada, &#8220;Perfil de negra (Gilda)&#8221; de Júlia Lopes de Almeida, donde el cuerpo racializado se convierte en el lienzo por excelencia del espanto y de la subversión, ya que, al ser marcada esta corporalidad por la diferencia, deviene en superficie de inscripciones violentas y en blanco de miradas que oscilan entre la repulsión y el deseo.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><em>Sin ojos</em> además de traducir cuentos, interpreta miedos, epistemes y discursos dominantes y contrapuestos que se orientan bajo pulsaciones vejaministas a la orden de lo hegemónico. De esta forma, la labor de traducción resalta notoriamente, pues, como sostiene Piglia, todo relato encierra, en su interior, otro relato subterráneo que desestabiliza su superficie (52). Y, desde ese carácter azorado, <em>Sin ojos y otros cuentos brasileños</em> <em>inquietantes</em> es un compendio de cuentos que invita (y exige) a su lector cavilar hacia un subsuelo de saberes fragmentarios que se alindan entre terrores cotidianos y epistemes en disputa. Un volumen que, desde su matriz narrativa, trae consigo la certeza de que toda modernidad convive con los monstruos que engendra y habitan en su reverso.</p>
<p style="font-weight: 400">
<p style="font-weight: 400">Referencias bibliográficas</p>
<p style="font-weight: 400">Genette, Gerard. <em>Nuevos ensayos de poética</em>. Traducción de Cecilia Siccardi, Siglo XXI Editores, 1989.</p>
<p style="font-weight: 400">Lovecraft, HP. <em>El horror sobrenatural en la literatura</em>. Publicaciones Dover, 1973.</p>
<p style="font-weight: 400">Piglia, Ricardo. <em>Formas breves</em>.  Anagrama, 1999.</p>
<p style="font-weight: 400">Popper, Karl. <em>The Open Society and Its Enemies</em>. Vol. 1, Princeton University Press, 2013.</p>
<p style="font-weight: 400">Sarlo, Beatriz. <em>La ciudad vista: Mercancías y cultura urbana</em>. Siglo XXI Editores, 2009.</p>
<p style="font-weight: 400"><em>Sin ojos y otros cuentos inquietantes brasileños</em>. Selección, prólogo y traducción de Ana Lea Plaza y Fernando Pérez Villalón, La Pollera Ediciones, 2024.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><span style="font-size: revert">.</div>
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			</item>
		<item>
		<title>Pupila de cíclope: Reseña a Yo también soy tu papá. Una carta de amor de Pablo Rivera (La Pollera Ediciones, 2025)</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2025/10/07/tambiensoytupapa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Benjamín Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Oct 2025 18:10:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[La Pollera Ediciones]]></category>
		<category><![CDATA[literatura chilena]]></category>
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					<description><![CDATA[“El texto ensambla siete años de cuidado, rutinas cotidianas y audiencias judiciales, por medio de las contrariedades gestadas desde la tensión entre los vínculos humanos y la tiesura institucional. De esta forma, Rivera detalla cómo la constancia y el afecto pueden redefinir la noción de familia más allá de la sangre, a la par que evidencia las limitaciones de un sistema legal que protege procedimientos por sobre las personas”]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="et_pb_section et_pb_section_3 et_section_regular" >
				
				
				
				
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: justify">Por <a href="https://haciaelsur.cl/author/benjaminecontreras/"><strong>Benjamín Contreras</strong></a></p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">         Escrito como carta al niño que llegó a su vida a través del sistema de acogida, <em>Yo también soy tu papá</em>. <em>Una carta de amor</em> (La Pollera Ediciones, 2025), de Pablo Rivera, es el relato de una paternidad en construcción. El texto ensambla siete años de cuidado, rutinas cotidianas y audiencias judiciales, por medio de las contrariedades gestadas desde la tensión entre los vínculos humanos y la tiesura institucional. De esta forma, Rivera detalla cómo la constancia y el afecto pueden redefinir la noción de familia más allá de la sangre, a la par que evidencia las limitaciones de un sistema legal que protege procedimientos por sobre las personas. Doctor en Sociología y “padre en construcción”, el autor perfila un testimonio íntimo, capaz de desnudar las vicisitudes de la adopción y de la paternidad en contextos heterodoxos.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">        Desde el amplio cauce de proximidad que suscita la narración en primera persona, el mapeo de experiencias de cuidado y paternidad cumple con creces su objetivo de transmitir aprendizajes afectivos y emocionales. En este sentido, el mayor acierto del libro está en visibilizar la complejidad de asumir la crianza de un niño en el marco de un sistema institucional rígido y el lente social dictaminador que descree a quienes no ejercen la paternidad heteronormada. No obstante, como crítica al sistema nacional de adopción, el relato mantiene ciertas limitaciones. La narrativa se centra principalmente en la experiencia desde la óptica los cuidadores —un prisma ceñido—, relegando en segundo plano la perspectiva del niño y de otras familias en situación de vulnerabilidad. La segunda persona y la omisión de nombres, aunque protegen la intimidad, también menguan la agencia del menor y dificultan que el lector perciba la realidad institucional desde su óptica. Aun así, estas limitaciones no niegan la posibilidad de acercarse a una experiencia singular sin transformarla en panfleto, y abren un espacio para reflexionar sobre la relación entre cuidado, legalidad y afecto, incluso dentro de un marco normativo imperfecto.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“la voz narrativa no cuestiona poner en vanguardia un compendio de experiencias que realizan una exégesis de sí misma, para poder, finalmente, ligarse con las vivencias del infante. Dicha ligazón se articula desde las propias memorias del narrador: sus experiencias como hijo, las introspecciones sobre su adultez en formación y la conjunción con su pareja, Francisco. No obstante, símil a un cíclope que observa desde su única cabina ocular, las dudas que se erigen en este proceso socaban algunas interrogantes al mismo tiempo que las patentizan”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">            Durante el desarrollo del texto, el narrador enfatiza sus crecientes dudas con base en el avance vital del menor y las aristas problemáticas que devienen de la crianza: “tal vez, el día de mañana, algunas de las cosas que yo considero buenas para ti, tú las descartes porque no te hacen sentido” (116). Bajo estas dificultades, la voz narrativa no cuestiona poner en vanguardia un compendio de experiencias que realizan una exégesis de sí misma, para poder, finalmente, ligarse con las vivencias del infante. Dicha ligazón se articula desde las propias memorias del narrador: sus experiencias como hijo, las introspecciones sobre su adultez en formación y la conjunción con su pareja, Francisco. No obstante, símil a un cíclope que observa desde su única cabina ocular, las dudas que se erigen en este proceso socaban algunas interrogantes al mismo tiempo que las patentizan: “A medida que pasa el tiempo pienso cada vez más cómo podremos hacerle frente a la fractura social sin que esto rompa los huesos de tu propia biografía” (111). Sin dudas, la situación de vulnerabilidad que prefigura el enlace entre el ente narrador y el sujeto destinatario es un tópico que produce zonas de conflicto y resolución compleja; empero, son llamativas las formulaciones que se realizan al respecto. En lugar de abarcar el problema, es latente la atención al conflicto desde una visión unilateral que atiende a la perspectiva única del narrador.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">            En un pasaje, al narrar su malestar al interactuar con personas venidas a más económicamente, Rivera relativiza esta desazón bajo un argumento que, aunque personal, da vitalidad a un sesgo meritocrático: “era simplemente el fruto de enfrentarme a aquellos que nunca fueron educados para escapar de la pobreza” (114). Bajo esta aseveración, la responsabilidad de la desigualdad se traslada implícitamente al otro, invisibilizando las condiciones estructurales que limitan la movilidad social. La tensión adquiere un espesor más evidente cuando se reconoce que ese mismo sentimiento continúa ostensible: &#8220;Hasta hoy, y confrontado a las decisiones sobre cómo educarte, puedo adivinar de qué manera ese resentimiento está agazapado por ahí, listo para saltar, listo para destruir. Y eso es un fantasma que debo ser capaz de espantar&#8221; (115). En esta exposición, la voz narrativa deja ver conciencia de su propio resentimiento, pero también mantiene la jerarquía moral que secciona a los más pobres como responsables de su situación, tensionando la crítica social que parecía anunciar. La autoconciencia se compagina con la culpabilización del otro, produciendo un efecto ambivalente: el relato se abre a la reflexión sobre la desigualdad, pero, al unísono, la refuerza a través de estereotipos y simplificaciones, como si se tratase de una pupila fija que apenas se abre al mundo.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“Tanto el resentimiento social como la paternidad heroica son discursos que sellan el espacio de agencia de quienes se construyen como otredad —ya sea el pueblo “resentido” o el hijo “desvalido”—, reproduciendo un mecanismo de subordinación que se traviste de nobleza. De este modo, la escritura recae en lugares comunes que, aunque parecen proteger, terminan infantilizando y deslegitimando”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">        Engarzada al eje del resentimiento social, se encuentra la concepción de la paternidad heroica. Podría pensarse, a beneficio del autor, que la imagen del padre como héroe opera como metáfora de cuidado y sacrificio. Pese a ello, la paternidad heroica, aunque pueda interpretarse como exaltación del compromiso, termina consolidando un gesto narcisista: el hijo se vuelve personaje secundario de una épica que en realidad consagra al padre. Ejemplos de este sistema retórico se exhiben: “Ahora me doy cuenta de que sí necesito ser un héroe, pero por voluntad propia porque al final la vida se me impuso” (50), lo que también se aglutina con un imaginario de combate: “cómo libraremos una <em>batalla </em>legal incierta” (énfasis añadido 148).  Tanto el resentimiento social como la paternidad heroica son discursos que sellan el espacio de agencia de quienes se construyen como otredad —ya sea el pueblo “resentido” o el hijo “desvalido”—, reproduciendo un mecanismo de subordinación que se traviste de nobleza. De este modo, la escritura recae en lugares comunes que, aunque parecen proteger, terminan infantilizando y deslegitimando.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">         La estrategia narrativa, que parece querer exhibir las marcas de clase como gesto de lucidez crítica, tampoco consigue su cometido. Nombrar las pertenencias del hijo al mudarse, el nombre de la empleada doméstica, subrayar la cualidad “pituca” de una heladería o enfatizar la localización en Providencia no da apertura a un registro de denuncia ni genera un espacio de empatía, sino que encapsula la experiencia en un mundo afectivo restringido y excesivamente autorreferencial: inaccesible. Podría pensarse que el relato intenta problematizar la segregación económica modelando la identidad del hijo en el contraste entre la familia de acogida y la familia biológica de origen más precario; sin embargo, lo que emerge no es la fractura social, sino la reafirmación de una distancia insalvable. La escritura se recuesta en el privilegio y, lejos de tensar el discurso, lo convierte en una vitrina de pertenencia que no interpela sino que distancia. De modo tal, el gesto altruista de bocetear sensibilidad hacia la desigualdad se desvela como una operación fallida: en lugar de abrir un campo común de resonancia, expone la imposibilidad de escapar a la troncalidad de una narrativa que enuncia desde de Providencia, sin lograr dislocarse de allí.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“la narración se ofrece al lector con cercanía aparente, pero al mismo tiempo descuera la tensión que sostiene su discurso: la intimidad y el afecto se entrelazan con un registro reiterativo que actúa como coraza, mostrando cómo la escritura, aunque abierta, permanece atrapada en su propio método, sus fórmulas y los límites de la perspectiva única del narrador, dejando al descubierto su rigidez e incapacidad para trascender la repetición”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">         Esta misma dificultad para abrir el relato se refleja en el modo de la escritura, que, bajo la apariencia de sencillez, encierra una compleja arquitectura de control y resguardo. La prosa de Rivera conduce al lector con una fluidez que facilita la comprensión de hechos, reflexiones y experiencias, como si cada línea actuara como una coraza que protege de la densidad del mundo narrado. Pero esta misma facilidad revela sus límites: algunas fórmulas se agotan con rapidez y ciertos pasajes emergen con un aire prestado de <em>Mea Culpa</em>, como en: “Nada hacía presagiar” (89), donde la repetición de modos expresivos evidencia la fragilidad de la invención y la reiteración de la propia voz. En este sentido, la narración se ofrece al lector con cercanía aparente, pero al mismo tiempo descuera la tensión que sostiene su discurso: la intimidad y el afecto se entrelazan con un registro reiterativo que actúa como coraza, mostrando cómo la escritura, aunque abierta, permanece atrapada en su propio método, sus fórmulas y los límites de la perspectiva única del narrador, dejando al descubierto su rigidez e incapacidad para trascender la repetición.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">         En el libro —como se anticipa desde un inicio—, cuando la pareja inicia los trámites de adopción, el tribunal interviene y restituye oportunidades a la familia biológica. La decisión sacude y deja un vacío que se expande sobre los siete años de rutinas compartidas y gestos que construyeron un vínculo sólido, confrontando al lector con el corte abrupto de la incertidumbre. La narración se despliega así en la tirantez de la experiencia de afecto y espera, dejando un final abierto que revela con crudeza la fragilidad de los vínculos. La obra se afirma así como un testimonio vehemente y honesto, aunque limitado, que confronta la construcción de la paternidad, la institucionalidad y la escritura misma.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">            En su atisbo, <em>Yo también soy tu papá</em> irradia la intensidad de una pupila de cíclope: observa fijo, conmociona, pero no deja de ser un lente. Y lo que no se filtra por ese único ojo, se eclipsa.</p>
<p style="font-weight: 400">Referencias bibliográficas</p>
<p style="font-weight: 400">Rivera, Pablo.<em> Yo también soy tu papá</em>. <em>Una carta de amor</em>. La Pollera Ediciones, 2025.</div>
			</div> <!-- .et_pb_text -->
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			</item>
		<item>
		<title>La estirpe de Luperca: Reseña a Los retornados (2024) de Cristian Cristino</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2025/05/28/losretornados/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Benjamín Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 May 2025 13:10:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Cristian Cristino]]></category>
		<category><![CDATA[IMAGINISTAS]]></category>
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					<description><![CDATA["Este texto trabaja sugestivamente sobre los métodos del saber, disponiéndose desde nichos de análisis que se diluyen en las narraciones, a veces anecdóticas y risibles, de hablantes que enuncian desde el horror de ver a un abuelo retornado, pero en su estado lozano; desde la relación homoerótica entre un torturado y su torturador; o desde la conciencia atribulada de una esposa entrada en años que solo quiere recordar a su esposo desaparecido, no contar con su presencia tangible"]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Por <a href="https://haciaelsur.cl/author/benjaminecontreras/">Benjamín Contreras López</a></p>
<p style="text-align: justify">En cunas quebradas, en espacios infértiles, donde el mecer un porvenir concupiscible se homologa con lo improbable, hay semillas que germinan. <em>Los retornados</em> (IMAGINISTAS, 2024), del escritor Cristian Cristino, nace de esta condición: una ficción que, desde su raíz tecnológica y afectiva, se atreve a repensar el pasado en clave de presente. Bajo la etiqueta de ser un poemario misceláneo se establece, más que como ejercicio especulativo, una poética del testimonio llevada al extremo, en donde la ucronía se siembra en una intersección que convoca a la memoria rota y la imaginación crítica.</p>
<p style="text-align: center"><strong>“a pesar de consolidarse bajo el sello de ser una ficción especulativa, el texto recurre a datos empíricos y diferentes intertextos que colaboran a dimensionar el carácter colectivo y heterogéneo que acaece del trauma no resuelto. Con la mención —explícita o no— de referentes como Nona Fernández, Patricia Verdugo o Elvira Hernández, Los retornados se piensa como un artefacto cultural que se suma a la gama de propuestas que versan sobre lo inasible de una verdad oficial y en ello ven un espacio para buscar comprensión (realizar una continua praxis) sobre los ecos del horror empírico”</strong></p>
<p style="text-align: justify">Desde la episteme incierta de un asistente en línea, se despliegan distintas enunciaciones que configuran el argumento central del libro: la fantasía oscura de que los desaparecidos durante la dictadura cívico-militar del 73 puedan ser devueltos a la vida mediante la reconstitución biológica, una ciencia insólita que recuerda por instantes al <em>Frankenstein </em>de Shelley. A partir de esta premisa, se consolida un texto híbrido donde lo imposible irrumpe como un acto de justicia poética, pero que en ello da apertura a cavilar sobre las implicancias del aparente milagro. De esta forma, el modo central de representación en el texto se da a través del trabajo de imágenes, una escritura atenta a la necesidad de formular cuerpos imposibles que responden a una sintaxis ilógica en su nivel mimético, pero no por ello menos representativa en sus posibilidades de sentido. En este orden, a pesar de consolidarse bajo el sello de ser una ficción especulativa, el texto recurre a datos empíricos y diferentes intertextos que colaboran a dimensionar el carácter colectivo y heterogéneo que acaece del trauma no resuelto. Con la mención —explícita o no— de referentes como Nona Fernández, Patricia Verdugo o Elvira Hernández, <em>Los retornados</em> se piensa como un artefacto cultural que se suma a la gama de propuestas que versan sobre lo inasible de una verdad oficial y en ello ven un espacio para buscar comprensión (realizar una continua praxis) sobre los ecos del horror empírico.</p>
<p style="text-align: center"><strong>&#8220;Este texto trabaja sugestivamente sobre los métodos del saber, disponiéndose desde nichos de análisis que se diluyen en las narraciones, a veces anecdóticas y risibles, de hablantes que enuncian desde el horror de ver a un abuelo retornado, pero en su estado lozano; desde la relación homoerótica entre un torturado y su torturador; o desde la conciencia atribulada de una esposa entrada en años que solo quiere recordar a su esposo desaparecido, no contar con su presencia tangible&#8221;</strong></p>
<p style="text-align: justify">Como en la leyenda de Luperca, la loba que amamantó en el desamparo a fundadores improbables, <em>Los retornados</em> se despliega en un territorio de precariedades inevitables. Ni la tecnología, ni el afecto, ni la política institucional logran ofrecer salidas limpias para el duelo irresuelto. Empero, lejos de ser un defecto, esta fragilidad constituye la condición que vuelve posible pensar la memoria no como clausura, sino como espacio activo de disputa. Desde esta óptica, la ficción no miente: elabora sentidos posibles para lo real, a veces más verdaderos que los hechos; por ello, como en la propuesta de Cristino, no corresponde reducir la ficción a una carencia de verdad, sino asumirla como una forma de explorar la realidad desde otros lenguajes. En esta apuesta, la obra se configura como un experimento que invoca lo empírico desde una vertiente representacional antes que referencial.</p>
<p style="text-align: justify">Dentro de estos modos del lenguaje, <em>Los retornados</em> opta por una tipología centralmente narrativa que se concibe así misma como un medio para pensar; sin embargo, este carácter no se da por la selección de conceptos filosóficos o de palabras precisas, remedos de aforismos, que optan por la laconicidad (¿no puede acaso ser el desborde un modelo de conocimiento más admisible a veces?). Este texto trabaja sugestivamente sobre los métodos del saber, disponiéndose desde nichos de análisis que se diluyen en las narraciones, a veces anecdóticas y risibles, de hablantes que enuncian desde el horror de ver a un abuelo retornado, pero en su estado lozano; desde la relación homoerótica entre un torturado y su torturador; o desde la conciencia atribulada de una esposa entrada en años que solo quiere recordar a su esposo desaparecido, no contar con su presencia tangible.</p>
<p style="text-align: justify">Este entramado de voces que construyen al texto deja de manifiesto un desacuerdo troncal hacia las políticas restauracionistas que, superficialmente, velaron por la edificación de discursos engarzados con la verdad y la justicia. A este respecto, la tecnología aparece como un recurso que &#8220;permite&#8221; el retorno, pero eso puede ser problemático. ¿No hay una fantasía tecnocrática de resolución que podría despolitizar la desaparición forzada? El texto retoza de modo irónico la posibilidad de que recordar es traer al presente literalmente sin en ello ejercer una verdadera medida de reparo, pero ¿es esa la única forma válida de memoria? ¿Y qué pasa con la posibilidad de una memoria activa que prescinde del cuerpo físico?</p>
<p style="text-align: center"><strong>“<em>Los retornados</em></strong><strong> gesta una apuesta atrayente en la medida que escapa de un yoísmo generalizado </strong><strong>—</strong><strong>tendencia visible en el panorama literario nacional</strong><strong>—</strong><strong>, presente particularmente en las escrituras de la memoria y sus ramificaciones. Mientras la autoficción y la concordancia entre autor y voz narrativa adquieren predominio, la propuesta de Cristian Cristino ensaya un tratado polifónico que desarticula, desde su materialidad y contenido, una gramática estable del conocimiento. Por ende, se abre el panorama hacia la generación de saberes que emergen desde las enunciaciones imposibles y disímiles de personajes iguales de inviables y diferentes, pero que refractan, de forma cruda, referentes palpables de la realidad nacional”</strong></p>
<p style="text-align: justify">El texto de Cristino, en su ejecución, suscita consignas que oscilan en su interpretación.  Al centrarse en el deseo afectivo y la fantasía tecnológica del reencuentro, se corre el riesgo de anclarse en una memoria blanda: una que conmueve, pero no necesariamente interpela o moviliza. ¿Se es conmovido por el dolor, pero se permanece cómodamente en la posición de espectador? Ante esta interpelación solo se ramifican los campos de interrogantes; empero, también posibles estadios de certeza. Al pensar en Beatriz Sarlo, emerge una respuesta plausible: recordar no es volver al pasado, es impedir su repetición (60). Desde este eje, el remoro se consolida como una forma de hacer política desde el presente, un estado actual de la contingencia que apela a los pragmático. El ejercicio puede apreciarse —aunque pueda ser tautológico— <em>recordando</em> formas reales de memoria encarnada: las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, las arpilleristas chilenas, o incluso los colectivos de teatro comunitario. En consecuencia, se vuelve urgente recuperar una memoria activa, conflictiva y encarnada, que no tematice el pasado como una herida cerrada, sino, por el contrario, como una fisura que sigue dialogando con el presente sin diluir la potencia política del recuerdo.</p>
<p style="text-align: justify">En el contexto problematizado que significa la dimensión señalada, <em>Los retornados</em> gesta una apuesta atrayente en la medida que escapa de un yoísmo generalizado —tendencia visible en el panorama literario nacional—, presente particularmente en las escrituras de la memoria y sus ramificaciones. Mientras la autoficción y la concordancia entre autor y voz narrativa adquieren predominio, la propuesta de Cristian Cristino ensaya un tratado polifónico que desarticula, desde su materialidad y contenido, una gramática estable del conocimiento. Por ende, se abre el panorama hacia la generación de saberes que emergen desde las enunciaciones imposibles y disímiles de personajes iguales de inviables y diferentes, pero que refractan, de forma cruda, referentes palpables de la realidad nacional.</p>
<p style="text-align: justify">En esta clave, <em>Los retornados</em> podrían pensarse bajo el signo mítico de Luperca, la loba que amamantó a Rómulo y Remo en la orfandad del bosque, proveyéndoles una oportunidad precaria —y no menos desgarrada— de fundar una nación. No subsiste en este acto la garantía de una patria redentora; en su lugar, se encuentra la inauguración de una violencia constituyente que marca desde su origen cualquier pretensión de pureza. Del mismo modo, el texto de Cristino enfrenta la imposibilidad de un retorno pacificado: los cuerpos que regresan, mediados por la tecnología, en lugar de restaurar, tensionan; no reparan, exponen. Son la estirpe de una precariedad radical que impide clausurar el duelo y que obliga a convivir con una memoria abierta, inestable y conflictiva. Como la mítica loba que amamanta no para sanar sino para procurar sobrevivencia, <em>Los retornados</em> plantea que la memoria y el duelo solo pueden fundarse desde lo roto, lo irresuelto, lo insoportablemente vivo.</p>
<p style="text-align: justify">Por tanto, un lector atento debe conjeturar con detenimiento: ¿las opacidades del texto conducen a posibles espacios de reconocimiento de una realidad cristalizada?, ¿la estetización de los desaparecidos en forma de retornados es una fetichización que interpela críticamente a la memoria blanda?, ¿qué se pierde y qué se gana con una propuesta escritural de estas características? Estas preguntas ayudan a trazar coordenadas en la recepción de <em>Los retornados</em>, un texto que exige una revisión atenta y que recuerda, en su médula, que —como enseña el mito de la loba— incluso las fundaciones aparentemente más necesarias nacen de una intemperie imposible de suturar.</p>
<p style="text-align: justify">En el libro, se enuncia: “la memoria es un celular arrebatado que se aleja/ en una moto sobre la vereda” (50). La memoria, el archivo, se puede robar, manipular. Un personaje cuestiona: “¿Por qué todo tiene que ser tan político?” (25). Quizás porque no hay fundación sin memoria, y no hay memoria sin conflicto.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Bibliografía</strong></p>
<p style="text-align: justify">Cristino, Cristian. <em>Los retornados</em>. IMAGINISTAS, 2024.</p>
<p style="text-align: justify">Sarlo, Beatriz. <em>Tiempo pasado: cultura de la memoria y giro subjetivo: una discusión</em>. Siglo Veintiuno Editores, 2005.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Receta a la chilena, la sazón cervantina en la dieta nacional. Cervantes y la crítica social desde el sur del mundo</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2025/05/22/razoncervantina/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Benjamín Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 May 2025 13:18:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[En Perspectiva]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel de Cervantes. Jornadas Cervantinas]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://haciaelsur.cl/?p=8179</guid>

					<description><![CDATA["Leer Don Quijote hoy, desde un Chile que perennemente intenta redefinir sus posturas y valores, es un acto político en sí mismo. Es la lectura de un pueblo […] no intenta reproducir el texto original, sino escribirlo nuevamente desde las coordenadas de su presente, entiendo que desde que el hombre es hombre hay conflictos que lo vertebran y hay posibles respuestas que le dan pulsación a su complejo vivir"]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center">Benjamín Contreras y Sophia Chacón asistieron como ponencistas a las XIV <em>Jornadas Cervantinas </em>en su edición 2024, organizadas por el Departamento de Literatura y el Área de Literatura Española de la Universidad de Chile. “Receta a la chilena, la sazón cervantina en la dieta nacional” es el resultado de la reflexión acerca de las jornadas y la vigencia de la obra de Miguel de Cervantes (1547-1616) en Chile.</p>
<p style="text-align: justify">Por <a href="https://haciaelsur.cl/author/benjaminecontreras/">Benjamín Contreras López</a> y Sophía Chacón Polloni</p>
<p style="text-align: justify">En una de las escenas, acaso, más inolvidables de <em>Don Quijote de la Mancha</em>, Cervantes dibuja al caballero de la triste figura, erguido sobre su rocín como un espectro anacrónico, lanzándose con furia contra molinos que su delirio erige como gigantes. No hay en ese enfrentamiento solo locura: hay fe, hay destino, hay una lógica que desafía la razón y la funda al mismo tiempo. En Chile, donde los molinos —reales e imaginarios— giran al vaivén de la historia, el país entero pareciera mecerse entre lo posible y lo imposible, entre la utopía y la desesperanza. Y así como el hidalgo de Cervantes, seguimos midiendo la altura del viento, enfrentando sombras que a veces son monstruos y otras, solo ilusiones. En consecuencia, la figura de don Quijote se extiende con una vigencia contundente y patentiza que releer a Cervantes, lejos de ser un ejercicio de presunta gimnasia erudita, es una forma de reflexionar sobre lo que nos constituye como humanos, cómo nos proyectamos y los modos en los que habitamos el mundo.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>“Cervantes nos asiste en el arte de descifrar la ficción incrustada en la realidad: la manufactura de enemigos en el espacio público, la edificación discursiva del poder, la mutación incesante de relatos oficiales. Lo vemos en la riña interminable entre oficialismo y oposición, en la seguridad ciudadana convertida en estandarte electoral, en el desencanto que resquebraja las viejas promesas de transformación”</strong></p>
<p style="text-align: justify">Como un ilimitado banquete sin fecha de caducidad, <em>Don Quijote</em> se sirve intacto ante las urgencias del presente, no para resistirse a ellas, sino para digerirlas. Nos invita, una vez más, no solo a recordar, sino a reinventarnos y sazonar lo que somos con la sapidez de lo que soñamos ser. Partiendo de esta premisa, se llevaron a cabo las XIV <em>Jornadas Cervantinas </em>en su edición 2024. Este evento retomó, tras un período de pausa, la tradición de generar un espacio de encuentro y reflexión en torno al autor del <em>Quijote</em>. Las Jornadas, organizadas por el Departamento de Literatura y el Área de Literatura Española de la Universidad de Chile, invitaron durante los días 7 y 8 de noviembre a estudiantes, académicos, artistas y docentes de distintos niveles educativos a participar en esta cocina literaria, donde la obra cervantina se reinterpreta, se hibrida y se sirve en nuevos platos.</p>
<p style="text-align: justify">En dicho evento, tuvimos la oportunidad de participar como estudiantes de la carrera de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación de la Universidad de O&#8217;Higgins, presentando trabajos que reflexionaron sobre la relevancia del autor en el siglo XXI en torno a nichos como la libertad y el carácter protofeminista en la obra de Cervantes y su diálogo con otros autores del Siglo de oro español como Calderón de la Barca y María de Zayas respectivamente. En este sentido —conscientes de la importancia de abrir espacios de reflexión en los que converjan diversas perspectivas—, la relevancia de estas Jornadas se acuna en su capacidad de articular un diálogo interdisciplinar: desde la literatura hasta la lingüística, desde las artes plásticas hasta la filosofía, pasando por la pedagogía y otras áreas. Las actividades incluyeron: conferencias magistrales; conferencias plenarias; el concurso de microcuentos <em>Don Quijote</em> en cien palabras; la presentación y conversación con el autor de un volumen teórico a propósito de la reconocida novela cervantina; la inauguración de la feria editorial convocada para el evento; y por último, un total de cinco mesas de ponencias que abordaron temáticas como el humor cervantino, lecturas contemporáneas del texto y sus interpretaciones filosóficas así como también las conexiones de la novela con los procesos de colonización e invención literaria en América Latina.</p>
<p style="text-align: justify">Estas jornadas también nos recordaron que el <em>Quijote</em> es, en sí mismo, una apertura hacia la alquimia de las posibilidades. Este evento, amparándose bajo la cita: «Yo sé quién soy, y sé qué puedo ser», no solo puso en foco el reflejo de la voluntad fictiva del caballero andante, también, como la cita, se significó como una declaración sobre la literatura misma: su capacidad de configurar realidades, de desafiar lo establecido, imaginar futuros alternativos, dialogar y reivindicar a las disidencias como formas legítimas de libertad. Por lo tanto, desde este rincón del sur del mundo, las XIV Jornadas Cervantinas fueron la olla común donde se combinaron disciplinas, perspectivas y sensibilidades para volver a cuestionarnos: ¿por qué seguir leyendo <em>Don Quijote de la Mancha </em>hoy en día, en el Chile contemporáneo?</p>
<p style="text-align: justify">La multiplicidad de posibles respuestas ante la consiga previa es inmensa, por lo que es asertivo solo remitirnos a mencionar algunas claves. Leer a Cervantes desde Chile es volver a transitar un territorio que, aunque parece familiar, siempre nos revela rutas insospechadas, giros que nos desafían a mirar lo mismo con pupilas renovadas. Es leerlo, como el <em>Pierre Menard</em> de Borges, en clave de presente, no reduciéndose a concebirlo como un artificio pasado que en su anacronismo pierde vigencia, sino, por el contrario, como una obra viva, sin fecha de caducidad, que se reescribe en cada lectura y responde a quien lo lee desde su propia trinchera histórica, cultural y política.</p>
<h3 style="text-align: center"><strong>“¿Y cómo considerar a Don Quijote ajeno, si nos vemos envueltos cada día en una historia quijotesca? […] Las promesas vacuas de mejores porvenires son un plato amargo que Chile ha tenido que digerir una y otra vez, aquella sopa con la cual nos excedimos con la sal. Cervantes nos lo muestra en el capítulo donde nuestro hidalgo busca hacer justicia por el joven Andrés, golpeado por su amo, pero su intervención solo desencadenará empeorar la situación. Una suerte de promesa vacía que resuena con las noticias chilenas: reformas anunciadas con fervor, promesas de justicia social que, una vez que las cámaras se apagan, dejan todo igual o incluso peor”</strong></h3>
<p style="text-align: justify">Chile, en su incansable pugna por justicia y reinvención social, dialoga con Cervantes desde una actualidad cargada de urgencias, donde el péndulo de la polarización política oscila exacerbadamente y, por ejemplo, la xenofobia se erige como respuesta a las crisis migratorias. La corrupción en las altas esferas —y su sombra melliza, la impunidad— conviven con una justicia que, cuando llega, suele hacerlo tarde, y es sabido: la justicia tardía habita en el mismo magma de la injusticia. Así, Cervantes nos asiste en el arte de descifrar la ficción incrustada en la realidad: la manufactura de enemigos en el espacio público, la edificación discursiva del poder, la mutación incesante de relatos oficiales. Lo vemos en la riña interminable entre oficialismo y oposición, en la seguridad ciudadana convertida en estandarte electoral, en el desencanto que resquebraja las viejas promesas de transformación.</p>
<p style="text-align: justify">Considerando la realidad de nuestro país, la figura de don Quijote no solo es pertinente: es necesaria. La novela cervantina ofrece claves para entender la receta chilena de hoy, en la que los molinos de viento aún giran, las ilusiones persisten y las batallas se libran en el terreno movedizo de la opinión pública y la memoria histórica.</p>
<p style="text-align: justify">Esta novela de caballería no pertenece a un mundo inaccesible, sino que es parte de lo cotidiano, de la cultura compartida, como un plato de porotos con rienda, una carbonada humeante o una marraqueta con té para la once. <em>Don Quijote</em> no es un lujo exótico, sino un alimento del espíritu, aquel pan siempre disponible para quien quiera sentarse a la mesa de Cervantes.</p>
<p style="text-align: justify">¿Y cómo considerar a Don Quijote ajeno, si nos vemos envueltos cada día en una historia quijotesca? Las promesas vacuas de mejores porvenires son un plato amargo que Chile ha tenido que digerir una y otra vez, aquella sopa con la cual nos excedimos con la sal. Cervantes nos lo muestra en el capítulo donde nuestro hidalgo busca hacer justicia por el joven Andrés, golpeado por su amo, pero su intervención solo desencadenará empeorar la situación. Una suerte de promesa vacía que resuena con las noticias chilenas: reformas anunciadas con fervor, promesas de justicia social que, una vez que las cámaras se apagan, dejan todo igual o incluso peor. Desde la precarización laboral hasta la crisis de las pensiones, Chile ha vivido su propia versión de esta historia y, como Don Quijote, muchos movimientos sociales han luchado con honor, solo para ver cómo su victoria simbólica se disuelve en la burocracia y el pragmatismo político.</p>
<p style="text-align: justify">Siendo la dignidad lo más aclamado por el pueblo chileno, pero sumergidos en el desconocimiento de su disputa. Como el último vaso de agua helada en un día de verano, como la última empanada en la mesa de la fonda, la libertad es un bien escaso y altamente codiciado. Lo vemos reflejado en el gobierno de Sancho Panza en la ínsula Barataria, un microcosmos del ejercicio del poder: un hombre sencillo, con buenas intenciones pero sin experiencia, se enfrenta a la complejidad de gobernar. En Chile, el ascenso de nuevas fuerzas políticas ha seguido un camino similar: figuras que emergen desde el activismo y la protesta, aclamadas por el pueblo, pero que al llegar al poder enfrentan la resistencia de estructuras anquilosadas. La libertad, aquello tan preciado y anhelado por todos, es un espejismo: ¿cuánto puede hacer realmente un gobernante cuando está atrapado en un sistema que lo sobrepasa?</p>
<h3 style="text-align: center"><strong>&#8220;Leer <em>Don Quijote</em> hoy, desde un Chile que perennemente intenta redefinir sus posturas y valores, es un acto político en sí mismo. Es la lectura de un pueblo […] no intenta reproducir el texto original, sino escribirlo nuevamente desde las coordenadas de su presente, entiendo que desde que el hombre es hombre hay conflictos que lo vertebran y hay posibles respuestas que le dan pulsación a su complejo vivir&#8221;</strong></h3>
<p style="text-align: justify">Y no es inferior este otro desafío de la actualidad: las <em>fakenews</em> y la posverdad, tenemos a la cueva de Montesinos como un constante recordatorio de que toda historia es susceptible de ser reescrita según quien la cuente. Desde si la empanada de pino lleva o no pasas, hasta la manipulación mediática y la disputa constante de la memoria histórica en distintas versiones de los eventos del golpe de estado en 1973 (que algunos llaman ‘gobierno’ o califican como un acto ‘necesario’) y el estallido social de 2019 (que otros denominan ‘atentado’), vivimos en un relato confuso y ambiguo. La receta chilena se compone de relatos fragmentados, ilusiones tangibles y verdades imaginarias.</p>
<p style="text-align: justify">En un país donde constantemente se evocan sueños quijotescos de transformación, ¿no es acaso <em>Don Quijote</em> un artificio cultural que puede significarse como un símbolo de resistencia frente a las imposiciones de la realidad? En el marco de las fracturas políticas, ¿la novela cervantina puede ser un sustrato para cavilar sobre la confección de nuevas utopías? ¿Qué reproducimos? ¿Qué transformamos? Desde eventos como la pandemia hasta problemáticas como la crisis de representación política, ¿qué dudas se sustancializan hasta volverse llagas óseas? Leer <em>Don Quijote</em> hoy, desde un Chile que perennemente intenta redefinir sus posturas y valores, es un acto político en sí mismo. Es la lectura de un pueblo que, como Menard, no intenta reproducir el texto original, sino escribirlo nuevamente desde las coordenadas de su presente, entiendo que desde que el hombre es hombre hay conflictos que lo vertebran y hay posibles respuestas que le dan pulsación a su complejo vivir.</p>
<p style="text-align: justify">Entonces, ¿por qué seguir leyendo <em>Don Quijote</em>? ¿No es acaso un plato de consumo pasado? Seguir leyendo a Cervantes en Chile es dilucidar que las batallas más importantes no se libran en las sombras de ni por la razón, con sabor a plomo, ni por la fuerza, sino con la imaginación y su función dialógica, dúctil. ¿Podemos ver en la novela cervantina acaso una alegoría atemporal de los lazos sociales entre los hombres? Esta obra nos recuerda que las grandes revoluciones empiezan con gestos mínimos de insurrección, con actos que desafían el curso establecido, aunque el desenlace nunca esté escrito. Basta con recordar: un hidalgo, intoxicado por la lectura excesiva de novelas de caballería, decide echarse al camino y dejarlo todo. Cervantes, con su ironía afable y crítica, funciona como un catalejo que lacera la costra de nuestras certezas y siembra preguntas que no admiten cosecha inmediata. Lo fructífero se halla en el leudar, madurar para cambiar. Verbos no conjugados que admiten a cualquiera y pueden adoptarse por quien esté dispuesto a significarlos.</p>
<p style="text-align: justify">En un país que busca redibujar sus fronteras sociales, políticas y culturales, Cervantes es más que un escritor pretérito: es un aliado. Nos enseña que el humor puede desarmar el autoritarismo, que el verbo tiene el poder de desafiar las jerarquías, y que incluso los sueños más inverosímiles pueden cambiar el curso de la realidad, pues ¿qué es, en última instancia, la realidad sino una serie de construcciones ficticias, tan genuinas o ilusorias como sus propias representaciones? En la cocina literaria de Cervantes no hay platos rancios: solo recetas para imaginar futuros más justos y humanos.</p>
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">Sobre los autores:</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Benjamín Contreras López</strong>, estudiante de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación en la Universidad de O’Higgins. Ha colaborado como ayudante en diferentes cursos de literatura. Sus principales intereses incluyen la literatura chilena contemporánea, la literatura de no ficción y la escritura creativa con un enfoque pedagógico. En la actualidad, se enfoca en explorar las ferias libres y las posibilidades de reconfiguración sociocultural de los feriantes a través de la creación literaria.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Sophía Chacón Polloni</strong>, estudiante de cuarto año de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación. Amante de la literatura, la considera una forma de (re)pensar el mundo. Fascinada por la permanencia de los clásicos, le interesa explorar explorar cómo estos siguen hablándonos y qué tienen que decirnos en la actualidad.</p>
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		<title>Cartografía del encuentro: Entrevista a Rigoberto Meriño, poeta y gestor cultural de la Región de O’Higgins</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2025/04/12/entrevistarigobertomerino/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Benjamín Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 12 Apr 2025 14:50:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Premio nacional de literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Rigoberto Meriño]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://haciaelsur.cl/?p=8147</guid>

					<description><![CDATA[“A lo mejor no seré un grande, a lo mejor nunca voy a ser un grande, pero sí voy a ser el loco que se tiró al precipicio sin alas, pero que le salieron alas y que es posible volar en otros mundos”]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Por <a href="https://haciaelsur.cl/author/benjaminecontreras/">Benjamín Contreras López</a>, Esteban Contreras y Sebastián Vivanco</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Rigoberto Meriño, poeta y gestor cultural, nacido el 13 de octubre de 1964 en el Valle del Elqui, ha dedicado su vida a la palabra y al territorio. Desde sus raíces campesinas y arrieras en el pueblo de Varillar, hasta su actual residencia en la zona central —entre Chimbarongo y San Fernando—, desarrolla su labor de más de treinta años, reafirmando el valor de la poesía para establecer lazos entre la cultura y las comunidades locales.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“La verdad es que yo soy un poeta infiel, tremendamente infiel …Yo soy un hombre de montaña, soy un cabrero, soy un minero, entonces el Valle de Elqui me reclama como poeta elquino. El Valle de Colchagua me reclama como colchagüino, porque entre Chimbarongo y San Fernando yo he hecho toda mi vida laboral y cultural. Entonces, ambos valles se pelean la autoría de este caballero y, la verdad, es que yo me dejo llevar, me dejo seducir”</strong></p>
<p style="text-align: justify">Rigoberto se formó como técnico agrícola y con más de 30 años de experiencia en el ámbito educativo, ha dejado una huella profunda en generaciones de estudiantes, fomentando en ellos la sensibilidad poética y el compromiso con su tiempo. Como poeta, es autor de más de veinte libros, entre ellos <em>Versos para Gabriela</em> y <em>Corazón Ecológico</em>, obras traducidas a lenguas como el inglés, quechua, aimara y mapudungún y que han tenido una recepción positiva por parte de dichas comunidades en la medida que las obras han sabido expresar temáticas contingentes y ligadas a los saberes locales e idiosincrasia. Su impacto ha trascendido fronteras, logrando reconocimiento internacional, publicaciones en Europa y el éxito en plataformas como Amazon, donde algunas de sus obras han alcanzado la categoría de <em>best seller</em>.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Además de su prolífica producción literaria, Rigoberto Meriño se ha destacado como un defensor incansable del arte local. Apropiándose del concepto de poesía pedagógica, ha empleado el verbo con fines didácticos, pero siempre poniendo en foco el campo cultural del Valle de Colchagua como del Valle de Elqui. Así, el poeta ha impulsado diferentes iniciativas para fortalecer el diálogo entre el Estado, los artistas y las comunidades. Entre sus logros más significativos se encuentra su contribución a la promulgación de la Ley 21.181, destinada a visibilizar y valorar el talento regional.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“el mérito es tan difícil de definir. El mérito, si lo miramos por el mérito académico, creo que yo no tengo. Lo que sí tengo es un mérito de un trabajo de 50 años, de perseverar en lo local, sentir que lo que estamos haciendo es el camino correcto”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Rigoberto ha convertido su poesía y gestión cultural en una cartografía del encuentro: colegios, calles, bibliotecas y centros culturales han sido los puntos de un tejido que expande el arte más allá de los circuitos tradicionales. Su trabajo demuestra que lo local, más que una aparente exclusión, es un punto de fuga desde donde se puede bocetear una sociedad más justa, inclusiva y creativa. En este mapa de intervenciones, adquiere relieve para el poeta la pasada postulación al Premio Nacional de Literatura 2024; un gesto que trasciende la competencia, pues, más que una candidatura, fue la afirmación de una praxis prolongada. En este sentido, su participación en el certamen se dio mediante una nominación popular que reunió más de mil firmas a lo largo del país. En este acto, Meriño reiteró su vocación por la democratización de la literatura, sosteniéndola en el pulso de las comunidades locales y en la certeza de que la palabra, para ser justa, debe ser compartida.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">La presente entrevista fue realizada el nueve febrero del 2025. Accediendo a que sus palabras fueran trascritas y publicadas para la <em>Revista Hacia el sur</em>, el poeta permitió que el encuentro se llevara a cabo en las instancias de su departamento, espacio ubicado en la comuna de Chimbarongo, región de O&#8217;Higgins, y destinado exclusivamente a la creación poética.</p>
<ul style="text-align: justify">
<li><strong>¿Cómo recuerda sus primeros pasos en la poesía y quiénes influyeron en su decisión de dedicarse a escribir? </strong></li>
</ul>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">&#8220;La cabra suelta en el huerto andaba comiendo albahaca, toronjil comió después y después tallo de malva, era blanca como un queso, como la luna era blanca&#8221;. Con ese poema comienza la historia, mi relación con la poesía. Me gustaba mucho observar cómo las nubes en el cielo se iban juntando, armando formas. Yo provengo del Valle de Elqui, entonces el río es vivo, es cantor, el río tiene mucha sonoridad. Escuchaba cómo el río cantaba, cómo hablaba, y eso, de cierta forma, me hacía ser diferente con respecto a mis compañeros.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Otro hecho que me impactó mucho, y que de hecho salió en una <a href="https://www.prensamerica.com/blog/de-nino-cabrero-a-best-seller?context=tag-rigoberto+meri%C3%B1o">entrevista</a> en <em>Prensa América </em>, ocurrió una noche después de una lluvia. Había una hermosa luna, gigante, que se reflejaba en el fondo de un charco de agua, y eso a mí me mató. Yo dije: &#8220;Pero ¿cómo se metió la luna allá abajo?&#8221;. Ese tipo de experiencias me llevaron a bucear en mis primeras poesías, a tener esta necesidad de hablar un lenguaje diferente.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Cuando tomé definitivamente el camino de la poesía, fue estando con mi mamá. Ella era lavandera, campesina. Un día, mientras ella lavaba ropa, yo estaba en la casa y, de repente, tomé un pedazo de carbón que usábamos para escribir. Con ese carbón, en un papel hice un escrito, se lo llevé a mi mamá, y ella, con las manos jabonadas, lo miró un poco, me miró a mí y me dijo: &#8220;¿Quién te lo hizo?&#8221;. Así comienza mi vida en la poesía y con la crítica, hasta el día de hoy.</p>
<ul style="text-align: justify">
<li><strong>¿Qué significa para usted ser poeta en el contexto de Colchagua y la región? ¿Cómo ha marcado su obra?</strong></li>
</ul>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">La verdad es que yo soy un poeta infiel, tremendamente infiel: yo soy un poeta, por un lado, del Valle de Elqui porque nací en el Valle de Elqui. Yo soy un hombre de montaña, soy un cabrero, soy un minero, entonces el Valle de Elqui me reclama como poeta elquino. El Valle de Colchagua me reclama como colchagüino, porque entre Chimbarongo y San Fernando yo he hecho toda mi vida laboral y cultural. Entonces, ambos valles se pelean la autoría de este caballero y, la verdad, es que yo me dejo llevar, me dejo seducir y, la verdad, es que no me defino ni como colchagüino ni elquino, simplemente me defino como poeta.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“A lo mejor no seré un grande, a lo mejor nunca voy a ser un grande, pero sí voy a ser el loco que se tiró al precipicio sin alas, pero que le salieron alas y que es posible volar en otros mundos”</strong></p>
<ul style="text-align: justify">
<li><strong>¿Qué significó para usted haber postulado al Premio Nacional de Literatura el 2024? ¿Y cómo vivió ese proceso de postulación ciudadana? </strong></li>
</ul>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Creo que fue desafiar al mundo académico, poner en valor el arte local, fue poner también en valor a los que estamos en una tarea diaria para dejar algo a las próximas generaciones. Nosotros somos los encargados de dejar algo para las próximas generaciones, los que trabajamos en los colegios, los que trabajan en las bibliotecas, en las industrias, los choferes. Todo el mundo tiene que dejar algo para las próximas generaciones y creo que el tema de la postulación tiene que ver con ese sentido, no con el sentido del mérito, porque el mérito es tan difícil de definir. El mérito, si lo miramos por el mérito académico, creo que yo no tengo. Lo que sí tengo es un mérito de un trabajo de 50 años, de perseverar en lo local, sentir que lo que estamos haciendo es el camino correcto.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify;padding-left: 40px">[El miércoles cuatro de septiembre se dio a conocer el fallo del Premio Nacional de Literatura en su edición 2024. Entre los candidatos a recibir el galardón se encontraron: Teresa Calderón, Elvira Hernández, Tomás Harris, Carlos Trujillo, Jaime Quezada, César Retamal, Rosabetty Muñoz y, por su puesto, Rigoberto Meriño. El premio fue concedido a la poeta Elvira Hernández de manos de la ministra de cultura Carolina Arredondo. Tras terminarse la carrera por el Nacional de Literatura Rigoberto Meriño se expresó en el <a href="https://diarioviregion.cl/noticias/30611-poeta-elvira-hernandez-obtuvo-premio-nacional-de-literatura-2024">Diario VI región</a>]</p>
<ul style="text-align: justify">
<li><strong>Usted ha mencionado que publicar en Europa es un logro excepcional, ¿qué aprendizajes o desafíos surgieron durante este proceso?</strong></li>
</ul>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Ese proceso de publicar en España fue maravilloso porque, al yo publicar en Europa, quebré una continuidad de algo que se veía tan lejano. Lo otro, hacer vínculo con personas que ven en nosotros una tremenda oportunidad y siento que lo que estamos haciendo va por el camino correcto.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Por eso nos atrevemos a postular a premios importantes, a invitar a la comunidad a que lea nuestros trabajos, que se adueñe de nuestro trabajo, porque lo que estamos haciendo nosotros, no solamente yo, sino todos los que estamos involucrados en la literatura. Son propuestas bastante genuinas y en Europa eso se agradece y se reconoce.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Tuve dos libros en Europa que fueron <em>best sellers</em> y eso algo nos dice, algo nos está diciendo acerca de que lo que estamos haciendo tiene un valor, hay un mérito. ¿De qué depende que esto suceda y se abra? Depende de nosotros. Yo creo mucho en mi trabajo porque siento que tiene el suficiente contenido para que se publique.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify;padding-left: 40px">[Los libros referidos son: <em>Versos para Gabriela</em> y <em>Corazón ecológico</em>].</p>
<ul style="text-align: justify">
<li><strong>¿Cómo definiría el impacto que estos logros han tenido en su vida personal y profesional?</strong></li>
</ul>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Cuando fui postulado al Premio Nacional de Literatura, mucha gente cercana me decía: “No, Rigoberto, no postules, la gente te va a tratar mal, la gente va a hablar mal de ti”. Yo también lo pensé, yo dije: “Sí, me van a tratar mal y la verdad es que esto no lo quiero”, pero algo en mi corazón me decía: “Si tú crees en tus convicciones, en tu proyecto, hazlo”.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Me llevé mordiscos, gente que se fue de mi lado, que se bajó de mi carro, que no estuvo de acuerdo conmigo, pero al final del camino siento y estoy convencido de que cumplo para lo que yo estoy predestinado. A lo mejor no seré un grande, a lo mejor nunca voy a ser un grande, pero sí voy a ser el loco que se tiró al precipicio sin alas, pero que le salieron alas y que es posible volar en otros mundos, que es posible volar en otras esferas sin tener alas, porque las alas las crea la convicción, las crea el amor, la constancia. Uno tiene que ser constante con lo que hace, de lo contrario no hay paraíso.</p>
<ul style="text-align: justify">
<li><strong>Usted ha señalado la importancia del arte local en reiteradas ocasiones y medios, ¿por qué cree que es esencial fortalecer el Arte Local? ¿Qué repercusiones positivas hay en ello?</strong></li>
</ul>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Es lo mismo con respecto al Premio Nacional de Literatura. Yo andaba para todos lados ronroneando con el tema del arte local. Ahí, el sueño comienza en 1999, hice todo un proceso de 25 años y resulta que salió una ley (Ley 21. 181), y que es un producto, es un velero, es una luminaria en el desierto para las próximas generaciones.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Todo lo que yo hago, todo lo que yo fusiono es para las próximas generaciones, ese es mi propósito. Si usted ve, yo no tengo reconocimiento, estoy más peleado con las autoridades, mis padres me quieren bien poco. Claro, porque yo tengo una convicción, yo tengo un camino ya trazado, que mi destino es tener algo para las próximas generaciones.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Todo lo que yo hago, todo lo que yo fusiono es para las próximas generaciones, ese es mi propósito. Si usted ve, yo no tengo reconocimiento, estoy más peleado con las autoridades, mis padres me quieren bien poco. Claro, porque yo tengo una convicción, yo tengo un camino ya trazado, que mi destino es tener algo para las próximas generaciones.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Entonces, cuando yo me vaya de este mundo, cuando me toque partir, algo voy a dejar en mi paso, no va a ser un paso así porque sí, no, no, no, porque yo estoy muy entusiasmado en dejar este departamento como un legado cultural donde aquí vivió y se respiró poesía. Entonces, siento que eso es lo que es el tema de los artistas locales: un legado para las próximas generaciones.</p>
<ul style="text-align: justify">
<li><strong>¿Qué papel cree que juegan las comunidades locales en la difusión y valoración de la poesía y el arte en general? </strong></li>
</ul>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Muy pobre. Las comunidades —y no es culpa de ellas, sino de un sistema— están focalizadas en el dinero. Vivimos en un sistema empecinado en la plata. Yo sé que el dinero es importante, lo entiendo, pero no debería ser lo más importante. Las comunidades se centran en el arte que entretiene, en el arte del <em>show </em>y el <em>business</em>, no en el arte antropológico y el arte antropológico tiene una gracia, realza y valora lo local. Sin embargo, esto suele estar reducido a lo folclórico, lo pintoresco, a la feria gastronómica costumbrista. No se le valora como un pilar de la identidad comunal.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Y aquí también hay una responsabilidad de los propios artistas. Este es un concepto que vengo trabajando hace tiempo: a los artistas nos enseñan a reconocer la harina, la sal, la olla donde haremos el pan. Luego, nos enseñan a amasar, y amasamos bien. Después, lo horneamos, nos queda dorado y nos embriaga el aroma. Pero tenemos una falla: en el cuarto paso, cuando hay que salir a vender el pan. Ahí los artistas nos frenamos. Ese cuarto paso se llama difusión, poner en valor, trabajar para potenciar nuestro arte. Ahí es donde, muchas veces, las comunidades terminan abandonando a sus propios artistas. Son poco comprometidas con ellos.</p>
<p style="text-align: justify">Si se fijan, cuando vienen artistas extranjeros, los espacios se llenan. En cambio, en un <em>show</em> de artistas locales apenas van cinco personas. Y más encima, dicen: “¡Pucha, compadre!, ¡qué fome!”. Porque la expectativa que tienen es la de la radio, la televisión, no la de la comprensión local. Por eso muchos artistas locales decaen en su esfuerzo. En este trabajo, el llegar al público, vender la obra, es clave.</p>
<ul style="text-align: justify">
<li><strong>¿Cómo piensa que su poesía ayuda a visibilizar a otros artistas o proyectos culturales de Colchagua y la región de O&#8217;Higgins?</strong></li>
</ul>
<p style="text-align: justify">Yo creo que más que aportar con la obra en sí, mi contribución está en cómo se va fortaleciendo la imagen del poeta. Siento que tengo la oportunidad de vender poesía, de vender mis libros. Tengo esa posibilidad, especialmente en Navidad, cuando mis libros para niños se regalan mucho. También los vendo a algunos colegios que requieren lecturas para sus estudiantes. A veces me llaman y me dicen: “Don Rigoberto, ¿tiene disponibles sus libros? Necesitamos 40 ejemplares”. Y listo, se venden. Pero no creo que eso tenga una gran incidencia. Lo que sí considero importante es mi constancia, mi proyecto con este departamento, las entrevistas que me hacen. Todo eso contribuye a reforzar la idea del poeta, a consolidar lo que significa serlo.</p>
<ul style="text-align: justify">
<li><strong>¿Qué inspira su poesía actualmente y cómo ha evolucionado ésta a lo largo de los años?</strong></li>
</ul>
<p style="text-align: justify">Las primeras veces, mi proceso era completamente empírico. A medida que llegaban las ideas, las tomaba, me las emperifollaba, como decía Pablo Neruda, me las comía, las amasaba y me las guardaba en el bolsillo. Luego, cuando andaba pastoreando, las iba recitando, cantando, reflexionando, y era en ese proceso de reflexión donde una idea comenzaba a tomar forma y a ordenarse. Con el tiempo, me volví más reflexivo. Ya no era simplemente recibir una idea del cielo, llevarla al papel y escribirla tal cual. Ahora llegaban diez, veinte ideas, y elegía la mejor para trabajarla con más rigor técnico.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Hoy en día, sigo cultivando una poesía con los mismos fundamentos y formas, pero con un enfoque más estructurado. Trabajo con recursos pedagógicos y me apoyo en la investigación. Antes de publicar mis libros, investigo mucho, porque me he adentrado en una poesía que exige un compromiso con la verdad. No es lo mismo escribir “Gabriela Mistral, reina de Chile”, una imagen que cualquiera puede ver, que decir “Gabriela Mistral, montaña, semilla de Elqui”. Son frases parecidas, pero no iguales. En esa diferencia radica la responsabilidad concreta con la que trabajo.</p>
<ul style="text-align: justify">
<li><strong>¿Qué otros sueños o metas desea cumplir en los próximos años?</strong></li>
</ul>
<p style="text-align: justify">Cuando terminó la postulación al Premio Nacional, me fijé un nuevo desafío: quiero ser postulado a tres premios. Primero, al Premio Cervantes, que es un gran reconocimiento en Europa; segundo, a un premio muy importante en México (referencia al Premio Iberoamericano Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer); y tercero, al Premio Nobel. Es un camino largo, con mucho trabajo por delante. Ahora, insisto: quizás no tenga el mérito académico para esos premios. Pero no estoy trabajando para los académicos, estoy trabajando por el arte local. Algunos dirán: “Pucha, Rigoberto, se le salió la cadena”. Y sí, porque al exponerse a grandes sueños, uno también se expone a la crítica. Pero al final del camino, ¿qué pasó? Nada. ¿Me entiendes? Y si un día esto se logra, muchos se preguntarán: “¿Y este compadre quién es? ¿De dónde salió?”. Pero más allá del reconocimiento, lo importante es lo que dejamos atrás: las esporas poéticas, las esporas de nuestras comunidades.</p>
<p style="text-align: justify">Sí, es una locura. Pero ¿y qué tiene? Sé que hay dificultades, lo entiendo, pero nadie puede impedirme soñar. Nadie tiene derecho a negarme ese derecho, se cumpla o no. Si ustedes quieren ser cantantes y llegar lejos, háganlo. Si quieren ser grandes futbolistas, háganlo. Si quieren desarrollarse en cualquier área, atrévanse. Ni siquiera es cuestión de talento. Yo no siento que tenga talento en la poesía, más bien, tengo habilidades, y eso es diferente. En la poesía, como en el deporte, hay gente talentosa, pero no se atreve. Ahí tienen sus cuadernos guardados, sin que nadie los lea, aunque en ellos haya tremendas obras. Mientras tanto, nosotros, los más atrevidos, salimos al mundo. Y ahí está la diferencia y para eso hay que trabajar. Por eso, lo único que espero, es que algo quede en el pueblo como un sello para siempre: un verso, un poema, no pretendo nada más.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">A lo largo de la entrevista, Rigoberto Meriño deja en claro que el sentido de su carrera va más allá de lograr cierto mérito dentro del mundo “oficial” del arte o de la literatura, pues se proyecta como algo tan anormal frente a ello que su mera existencia ya es rupturista. Por ello, propone desafiar la corriente y, como representante de lo local, presentarse ante la academia no solo en busca de reconocimiento, sino para afirmar su existencia y visibilizar un arte que, de otro modo, difícilmente trascendería las fronteras de su territorio.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">El poeta con su propuesta incita la difusión del arte local, aspecto que considera clave y necesario para que el arte antropológico pueda recibir la atención de la comunidad, además del arte ligado a los espacios del <em>show</em> y el <em>business</em>. Los esfuerzos de Rigoberto han tenido un impacto tangible en nuestra realidad como en la promulgación de la ley 21.181 que establece el día del artista local en Chile. Así, logrando un mayor reconocimiento de su arte y las comunidades que representa, se espera que su carrera sea inmortalizada como un presente para las futuras generaciones de artistas locales chilenas y del resto del mundo. Como mencionó en la entrevista. “Más allá del reconocimiento, lo importante es lo que dejamos atrás: las esporas poéticas, las esporas de nuestras comunidades.” Esporas que con esta entrevista anhelamos difundir.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Rigoberto Meriño fotos" width="1080" height="608" src="https://www.youtube.com/embed/46-1fSLNfGc?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Detalle de las imágenes:</p>
<p style="font-weight: 400"><strong>Imagen 1:</strong> Rigoberto Meriño y su postulación al Premio Nacional 2024</p>
<p style="font-weight: 400"><strong>Imágenes 2 y 3:</strong> Promoción de Artistas locales y ley 21.181. Aprobada en 2019, bajo el gobierno de Sebastián Piñera, dicha ley pone en foco el rol de los artistas locales como representantes esenciales de las comunidades de determinados territorios y, por ende, establece el día nacional del Artista Local, celebrándose el sábado de octubre de cada año.</p>
<p style="font-weight: 400"><strong>Imágenes 4, 5 y 6:</strong> Creaciones visuales de Rigoberto Meriño.</p>
<p style="font-weight: 400"><strong>Imágenes 7, 8 y 9:</strong> Actual departamento del poeta y proyecto futuro de museo en honor a Artistas Locales de la Región de O´Higgins.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Ha llegado carta. Reseña a Atrás queda la tierra (2024) de Arianna de Sousa-García</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2025/03/14/atrasquedalatierra/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Benjamín Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 14 Mar 2025 22:23:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Arianna de Sousa-García]]></category>
		<category><![CDATA[Migración]]></category>
		<category><![CDATA[Seix Barral]]></category>
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					<description><![CDATA[“Nos recuerda que las mujeres no hemos sido solo figuras divinas o lejanas, sino seres humanos con luchas, emociones y contradicciones tan reales como las de cualquier otra persona”]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Por <a href="https://haciaelsur.cl/author/benjaminecontreras/">Benjamín Contreras López</a></p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">¿Cómo hablar de lo que no se habla? Esta es, sin dudas, una de las interrogantes medulares que sostiene <em>Atrás queda la tierra</em>. Publicada en 2024 por Seix Barral, esta primera novela de la autora venezolana se presenta como una misiva que, desde su urgencia, traza un recorrido que va más allá de lo geográfico: viaja en la sacudida. Desde la carta de una madre a su hijo de nueve años, se explora el desarraigo, la memoria y la migración forzada de la nación venezolana contemporánea, reverberado en aquellos que han sido forzados a dejar su país, como en quienes los reciben en tierras que, bajo la promesa de refugio, revelan sus propias precariedades.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Esta es una novela breve, estampada de impacto, que no busca concesiones a sentimentalismos sencillos. En lugar de ello, se construye una trama en la que las experiencias de la pérdida y del exilio se transmiten bajo el alero de una prosa que permite habitar las fisuras de una identidad desgarrada. De esta forma, la estructura epistolar de la novela refuerza la experiencia emotiva, al mismo tiempo que permite una reflexión íntima sobre el proceso de recordar y olvidar. En esta línea, se destaca que el gran uso de la voz narrativa en primera persona no solo carga el pulso de la emoción: arrastra al lector, lo vuelve testigo mudo de una historia que desborda del Yo, pero que también insiste más allá de lo propio, llegando a la dimensión colectiva de la migración venezolana. En este sentido, esta diáspora, una de las más significativas en la historia reciente de América Latina, no ha sido solo un fenómeno de tránsito y desplazamiento que expone el éxodo de cuerpos. El fenómeno de la migración ha sido, sobre todo, un punto de tensión en el tejido social. No basta decir que es un desafío político o social; es también el temblor de una identidad que se disuelve y se rehace en tierra ajena. Pero ¿cómo se sostiene la memoria cuando el hogar queda atrás y el nombre se diluye en la distancia?</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“la novela es una gran plataforma para experimentar las formas en las que el dolor se expresa y cómo también se puede subvertir el orden normativo que poseen las definiciones sobre aquellos que se intenta determinar. Por medio de una serie de desplazamientos de significados a punta de relatos testimoniales y las vivencias la propia de Sousa-García, se pone en entredicho cualquier normativa y estigma que procure avalar un relato unívoco”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">En la novela, por medio de un discurso fragmentado que dibuja sugerentes apologías de un Yo, se huye de lo meramente individual para solo adquirir significado en los marcos de una epopeya comunitaria. Así, se explora la desconexión entre el pasado y el presente, entre el hogar perdido y el nuevo lugar que se convierte en refugio hostil, poniendo en cuestión qué significa &#8220;estar en casa&#8221; y reflejándose esta incertidumbre en un constante diálogo entre las tensiones de lo privado y lo público —las vivencias de la autora, su familia y las de un país—, lo que permite la gran experiencia lectora de acceder a ambos espacios casi como si uno respirara en el otro y el solapamiento fuese vital, indispensable.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“incorpora estéticas propias de la autobiografía, testimonios, crónica, ensayo y poesía, pone en latencia también un desafío a las formas más convencionales de narrar; de Sousa-García, al hacer uso de estos géneros, señala la imposibilidad de una única forma de relato y denota a la hibridación como elemento clave: el dolor de la migración no puede ser reducido a un solo discurso”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Arianna de Sousa-García hilvana con aguda precisión la catástrofe de Venezuela, una nación que, al confiar en un proyecto político-utópico, terminó sumida en las más crueles distopías de la realidad. La novela explora el desarraigo violento de quienes migran y por ello se enfrentan a profundas deshumanizaciones dentro de un sistema que naturaliza la violencia hacia quienes se vuelven forasteros. De forma coherente, la habilidad de la obra para entrelazar la historia personal de la autora, por medio de relatos breves, con la de incontables venezolanos destinados al nomadismo cruel de la necesidad y a las constantes vistas lacerantes de quienes los sentencian y definen, ofrece una perspectiva compleja. En este sentido, la novela es una gran plataforma para experimentar las formas en las que el dolor se expresa y cómo también se puede subvertir el orden normativo que poseen las definiciones sobre aquellos que se intenta determinar. Por medio de una serie de desplazamientos de significados a punta de relatos testimoniales y las vivencias la propia de Sousa-García, se pone en entredicho cualquier normativa y estigma que procure avalar un relato unívoco. Se posibilita dar cabida a la voz del otro y, como ocurre escasas veces, se permite que quienes suelen ser definidos por otros puedan definirse por sí mismos, tensionando las palabras y prejuicios que pretenden erigirse como verdades inflexibles.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><em>Atrás queda la tierra </em>expone una narración coherente con las condiciones que se dispone a relatar. La novela, que incorpora estéticas propias de la autobiografía, testimonios, crónica, ensayo y poesía, pone en latencia también un desafío a las formas más convencionales de narrar; de Sousa-García, al hacer uso de estos géneros, señala la imposibilidad de una única forma de relato y denota a la hibridación como elemento clave: el dolor de la migración no puede ser reducido a un solo discurso. Por consiguiente, el modo del decir se vuelve un mensaje en sí mismo y manifiesta una profunda vocación por enunciar, nombrar e interrogar, subrayando que escribir no solo es un acto de conocimiento, sino, sobre todo, de cuestionamiento.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><em>Atrás queda la tierra</em> expone una escritura no hermética, accesible, que sabe de las ferocidades que engrudan los lazos sociales y convierte al lector en el receptor final de la misiva, desafiándonos de buen modo a cavilar sobre el mundo que estamos modelando para quienes, en busca de refugio, migran con aspiraciones y temores. Ariana de Sousa-García nos insta a reflexionar sobre cómo respondemos a esas cartas que, aunque no nos lleguen directamente, cuestionan nuestra humanidad.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Ha llegado carta, pero… ¿Para quién?</p>
<p style="text-align: justify">
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><strong>Referencias</strong></p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">de Sousa-García, Arianna. <em>Atrás queda la tierra</em>. Seix Barral, 2024.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Coordenadas del descontento. Reseña a La rabia y el augurio. Un ensayo biográfico sobre Carlos Droguett (Ediciones UDP, 2023) de Álvaro Bisama</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2024/08/28/rabiayaugurio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Benjamín Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Aug 2024 00:53:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Bisama]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Droguett]]></category>
		<category><![CDATA[Ediciones UDP]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo biográfico]]></category>
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					<description><![CDATA[]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="et_pb_section et_pb_section_4 et_section_regular" >
				
				
				
				
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				<div class="et_pb_text_inner">Presagio, ira, astucia y destierro, estos son los puntos cardinales que nos orientan para poder perfilar al emblemático novelista Carlos Droguett, de acuerdo con <em>La rabia y el augurio. Un ensayo biográfico sobre Carlos Droguett </em>(2023), el último libro publicado por el escritor nacional Álvaro Bisama. En un ejercicio similar a su propuesta previa sobre el poeta Pablo de Rokha —<em>Mala lengua. Un retrato de Pablo de Rokha </em>(2021)—, para dar cuenta de la caracterización del escritor merecedor del Premio Nacional, Bisama pretende responder a la pregunta: “¿Cómo se forma un novelista?” (36). En busca de esta respuesta, el autor de <em>La rabia y el augurio </em>dibuja un camino cronológico sobre la vida de Carlos Droguett.</p>
<h3 style="text-align: center"><strong>Desde su devoción por Gabriela Mistral y Poe hasta su completa aversión por Nicanor Parra, Droguett se caracterizó por su perfil mayoritariamente oculto y reservado, relegándose de ser una figura popular y, de hecho, alejándose adrede del tan comercializado Boom, pero no por ello aquietando su característica perspicacia y desdén</strong></h3>
<p>Desde su infancia hasta su muerte, Droguett habita en ambientes adolecidos que no saben cicatrizar ni mucho menos sanar. Cualquier parche o gasa se vuelve superflua en los ojos del novelista, quien, desde su juventud, ya requería encarnar su voz a las letras como una forma de respiración elemental, un acto necesario. Por consiguiente, el ensayo de Bisama descascara en cada página las distintas dimensiones de Droguett, no solo restringiéndose a las obras de este, sino que también adentrándose en el mundo privado del escritor. Exposiciones de esta intimidad deshuesada son los primeros hitos de la ruta vital del autor Premio Nacional, entre los que se hallan su acercamiento a la literatura en manos de un profesor y también su temprana vinculación con Isabel Pozo, primer gran amor del escritor y con quien, años más tarde, contraería matrimonio.</p>
<p>Así, desdeñado, pero también desdeñoso, el autor de obras como <em>Patas de perro</em>, <em>Eloy</em> y <em>El asesinato del seguro obrero</em> se presenta como un escritor comprometido y crítico del medio social como también del literario. Desde su devoción por Gabriela Mistral y Poe hasta su completa aversión por Nicanor Parra, Droguett se caracterizó por su perfil mayoritariamente oculto y reservado, relegándose de ser una figura popular y, de hecho, alejándose adrede del tan comercializado Boom, pero no por ello aquietando su característica perspicacia y desdén. De este modo, en la propuesta ensayística de Bisama, se relatan una multiplicidad de episodios exorbitantes: Carlos Droguett publicando un cuento en el que da muerte a todos los integrantes del Boom, víctimas de un accidente aéreo; el autor de <em>El asesinato del seguro obrero </em>soñando con el fantasma de la todavía viva Gabriela mistral; sus visitas a su amigo poeta Pablo de Rokha; y su asistencia desapercibida al funeral de Borges, todos estos pasajes refractados de la vida de Droguett se narran y estructuran de modo ágil y cautivante, dando cabida a dilucidar que en la narrativa droguettiana muchas veces la fascinación de la ficción está hecha de la misma materia trágica de la realidad.</p>
<h3 style="text-align: center"><strong>Álvaro Bisama ofrece una interpretación del autor de <em>Eloy</em> y su obra al indagar en registros históricos, diarios íntimos y testimonios, lo que permite reconocer y retratar los diferentes sustratos vivenciales que amamantaron a las obras de Droguett.</strong></h3>
<p>La propuesta de Bisama es atractiva por su prosa dinámica y constante asedio al registro novelístico al elaborar la cronología de Carlos Droguett. En <em>La rabia y el augurio</em>, existe una construcción accesible de los tópicos vinculados a Droguett y, en suma, a la literatura chilena del siglo XX, pues, si no se encausa la óptica del retrato, el trabajo de Bisama consigue funcionar como una rica reflexión alrededor de la sociedad y el orbe literario del Chile de aquel entonces, un panorama amplio al que los lectores logramos acceder por medio del registro documentado y detallado acerca de Carlos Droguett. Álvaro Bisama ofrece una interpretación del autor de <em>Eloy</em> y su obra al indagar en registros históricos, diarios íntimos y testimonios, lo que permite reconocer y retratar los diferentes sustratos vivenciales que amamantaron a las obras de Droguett. De modo tal, es este uno de los atributos esenciales del libro: Bisama se introduce en la intimidad del autor de <em>Patas de perro </em>para zurcir el tejido de su ensayo, pero no recurre a la ficción para articular un mundo privado y, más bien, recrea al autor Premio Nacional y su entorno por medio de un minucioso registro documental.</p>
<p>La figura del barrio popular, su patente estado de orfandad, su estadía en un colegio católico, su interés por el periodismo, su paso no culminado por la carrera de derecho y su autoexilio en Suecia debido a la dictadura del 73, son algunos de los elementos recogidos para dar cuenta de un retrato cabal del escritor nacional. Droguett: perenne extranjero; Droguett: crítico de la sociedad chilena y sus desigualdades mayúsculas; Droguett: pintor innato de los seres marginales, los olvidados, los desposeídos; Droguett: dueño de una prosa colérica que esgrime en cada línea. Todos estos caracteres vertebran el perfil que confecciona Álvaro Bisama acerca de Carlos Droguett, el escritor portador de una lengua en donde habitan las víctimas y concurren los monstruos del siglo XX por medio de ecos exacerbados que exigen total atención.</p>
<p><em>La rabia y el augurio</em> se distingue no solo como una biografía literaria aguda y hábilmente ejecutada, sino también como un fiel testimonio de una época y un contexto cuyos efectos aún reverberan en el panorama literario a nivel nacional. La propuesta de Álvaro Bisama es una destacada apertura hacia el universo droguettiano, otorgando la posibilidad tanto de ingresar como de robustecer lo entendido acerca de Carlos Droguett y su contundente proyecto literario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Referencias bibliográficas</strong></p>
<p>Bisama, Álvaro. <em>La rabia y el augurio. Un ensayo biográfico sobre Carlos Droguett</em>. Santiago: Ediciones Universidad Diego Portales, 2023.</p>
<p><strong>Detalles del libro:</strong></p>
<p>Álvaro Bisama</p>
<p><em>La rabia y el augurio. Un ensayo biográfico sobre Carlos Droguett</em></p>
<p>Ediciones Universidad Diego Portales, 2023, 228 pp.</div>
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