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	<title>En Perspectiva | Revista Hacia el Sur</title>
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	<description>Libros, opinión y cultura</description>
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	<title>En Perspectiva | Revista Hacia el Sur</title>
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		<title>Homónimas: A 80 años del Premio Nobel de Gabriela Mistral</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2025/12/10/gabrielamistral2025/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Benjamín Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Dec 2025 12:05:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[En Perspectiva]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriela Mistral]]></category>
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					<description><![CDATA[“¿qué significa celebrar esa gloria mientras otra Gabriela, nacida en esta misma tierra, murió sin justicia un septiembre cualquiera? ¿Qué país puede sostener esa doble narración sin quebrarse?”]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><div class="et_pb_section et_pb_section_0 et_section_regular" >
				
				
				
				
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="font-weight: 400;text-align: justify">Chile no solo recuerda: administra la memoria de sus mujeres. Decide qué rostros estampa en sus billetes, en sus discursos y en los códices escolares; decide también qué nombres adquieren vejez en expedientes irresueltos, así como también qué rutas vitales se disuelven en una escueta declaración, un peritaje fallido o un titular etéreo. Sobre esta base, no es errado afirmar que la memoria dista de ser un territorio imparcial: es un dispositivo de gestión que, desde su coyuntura política, se ejerce como una forma de control simbólico.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Hoy es 10 de diciembre, fecha en que Chile ensalza el verbo en la labor de relatar la épica de Gabriela Mistral al recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo. Se difunde su fotografía tomada desde su costado derecho: abrigo oscuro, canas pronunciadas, su voz contundente y bien articulada afirmando su condición multidimensional de mujer, sudaca, indígena, diplomática y maestra. Se nos insta a recordar: es 1945 y Europa se recompone. Es diciembre en Estocolmo. La nieve se pliega como un manto ceremonial sobre la urbe. Ella se llama Lucila Godoy Alcayaga, aunque el mundo la pronuncia Gabriela Mistral. Sube al escenario de la Sala de Conciertos y recibe el Premio Nobel de manos del rey Gustavo V. Hace 80 años: hace casi un siglo, hace tan poco. Chile aún no le ha otorgado el Premio Nacional.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“¿qué significa celebrar esa gloria mientras otra Gabriela, nacida en esta misma tierra, murió sin justicia un septiembre cualquiera? ¿Qué país puede sostener esa doble narración sin quebrarse?”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Su discurso —“mi pequeña patria”, “los niños desvalidos de América”— recorre el auditorio. Aplausos, fotografías, cables internacionales. Es la primera latinoamericana en recibir el galardón. Décadas más tarde, su rostro quedará fijado en el billete de cinco mil pesos: símbolo de una nación que gusta imaginarse culta, justa y moderna. Se enseña ese instante como una prueba de la grandeza de este país. Pero actualmente ¿qué significa celebrar esa gloria mientras otra Gabriela, nacida en esta misma tierra, murió sin justicia un septiembre cualquiera? ¿Qué país puede sostener esa doble narración sin quebrarse?</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Las preguntas no son menores: ¿qué memoria de mujer es digna de archivo, de ritual estatal, de solemnidad institucional? ¿Qué memoria queda relegada a ser una nota policial que se diluye con los días? ¿Por qué fundamos todo en la centralidad del éxito? ¿Por qué convertimos la excepcionalidad en la única vía legítima para recordar? ¿De qué manera nos enseñamos —desde las aulas hasta la prensa— que el fracaso no merece ser memoria sino omisión?</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">¿Puede un país decir que honra a sus mujeres si solo rememora a las que triunfan?</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Y es que este logos —esta maquinaria de sentido— no es renunciable: desde un inicio, nuestra cultura se ha articulado en torno al verbo, al relato, y la forma en cómo se organiza la historia de lo humano. Esta imaginería discursiva no se puede soslayar, pues siempre se ha tratado del verbo y su posición como principio más allá que incluso lo principiado. Sin embargo, al pensar en el relato, ¿bajo qué principios se orienta el sentido del obrar humano? ¿Qué queda fuera los márgenes narrados? ¿Cuáles son los costos éticos de esa administración simbólica?</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“la violencia nace y se desnuda desde lo más doméstico, que puede haber monstruosidad por el reverso de todos.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Ambas Gabrielas se colman en su edificación discursiva: una elevada como ícono cultural y diplomático; la otra, despojada, expuesta, revictimizada, apenas sostenida por la memoria de su familia y por la convicción persistente de algunas organizaciones feministas como ATA, en San Fernando. Pero ¿cuál es esa otra Gabriela?</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Recordemos:</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Es 2012 y el mundo aún no se acaba, al menos no para todos, los Mayas se equivocaron. Es agosto de 2012 y en marzo de ese mismo año el caso de joven Daniel Zamudio había estremecido el plano nacional, se había expandido su nombre a lo largo de todo el país por medio de las reverberaciones mediáticas. ¿Esvásticas? ¿Zamudio fue asesinado por neonazis? No vertebra lo suficiente al entender que la violencia nace y se desnuda desde lo más doméstico, que puede haber monstruosidad por el reverso de todos. En ese mismo año, pero en la región de O’Higgins, en San Fernando, el sol se perdía desde la seis de la tarde y la ausencia de luz se expandía sin bordes por todas las calles.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Es 2012 y ella se llama Gabriela Marín: educadora de párvulos, veinte y tres años, madre de dos hijos. Va a un cibercafé cerca de las líneas del tren. Ese trayecto cotidiano, ese segmento minúsculo del día, se transforma, en minutos, en un escenario inesperado. Un hombre la somete, le tapa la boca, silba para llamar a sus aliados. Otros dos llegan. La llevan hacia un punto apartado entre las vías. Abusan sexualmente de ella. La torturan.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Gabriela logra escapar. Gabriela llega a su casa. Gabriela habla. Gabriela denuncia. Reconocen a los culpables. Y entonces aparece el Estado: un fiscal que lee rápido después de ver un partido de básquetbol, un funcionario que revisa pruebas clave y las desestima, una investigación mal conducida, una declaración final que parece un gesto mecánico: “no hay antecedentes suficientes” (Revista Paula). Los dejan libres. Gabriela queda expuesta a la mirada de todos, pero sin la protección de nadie. La vulneración se cosifica en una mujer que es abandonada frente al escrutinio social; a un sistema judicial que debía ampararla y que, en cambio, la revictimiza con indiferencia burocrática.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“Hoy se aprecia en murales pintados por activistas, en marchas feministas, en pancartas que la rescatan como un recordatorio incómodo: Chile decide qué memorias merecen dignidad. Porque la memoria, cuando es administrada, deja de ser un ejercicio de verdad para convertirse en una operación política. Un país que sitúa al rostro de Mistral en su billete pero no logra conducir un juicio justo para Marín no está honrando a sus mujeres: está gestionando su imagen.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Los días pasan y los culpables continúan libres. Gabriela solicita ser internada en el hospital de San Fernando. Existe una necesidad de aislamiento. Ella lo pide. Le responden que no hay camas disponibles. Y es, quizás, esa sentencia la que lograr resumir la distancia entre el relato oficial de un país que se enorgullece de sus mujeres y la realidad concreta que las desampara.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Un mes después, el 6 de septiembre de 2012, Gabriela se suicida en su casa. Mujer. Veinte y tres años. Dos hijos. La carta que dejó —“Perdóname . . .  Te pido que esto no se quede así” (Revista Paula)— la encontró su hermano Juan de 24 años.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">La prensa apenas retuvo su nombre. No hubo editoriales indignadas. No hubo discursos ministeriales. No hubo cadenas nacionales ni homenajes. No hay amigos para el fracaso. Su memoria quedó encriptada al silencio institucional. Hoy se aprecia en murales pintados por activistas, en marchas feministas, en pancartas que la rescatan como un recordatorio incómodo: Chile decide qué memorias merecen dignidad. Porque la memoria, cuando es administrada, deja de ser un ejercicio de verdad para convertirse en una operación política. Un país que sitúa al rostro de Mistral en su billete pero no logra conducir un juicio justo para Marín no está honrando a sus mujeres: está gestionando su imagen.</p>
<h3 style="font-weight: 400;text-align: center"><strong>“Una encarna el país que se exhibe en los actos cívicos; la otra, el país que se esconde detrás del pizarrón. Y así funciona nuestra pedagogía nacional: se enseña a recordar aquello que prestigia al curso y a borrar del cuaderno lo que incomoda.”</strong></h3>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Las dos Gabrielas se leen como semejantes a las preguntas opacas que se enuncian desde una prueba escolar: interrogantes que se disfrazan de simpleza, pero que obligan a reflexionar sobre qué se evalúa realmente. Una encarna el país que se exhibe en los actos cívicos; la otra, el país que se esconde detrás del pizarrón. Y así funciona nuestra pedagogía nacional: se enseña a recordar aquello que prestigia al curso y a borrar del cuaderno lo que incomoda. La memoria se armoniza como una pauta de corrección que reparte puntos, bonificaciones y omisiones. A una Gabriela se le otorga posteridad; a la otra nada. Esa distribución desigual del recuerdo no es azar ni superflúa: es un proyecto cultural que define quién merece ciudadanía simbólica y quién queda fuera de la hoja de respuestas. Chile rinde siempre la misma prueba. Y casi siempre la aprueba con honores.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">La distancia entre ambas Gabrielas no se atrinchera únicamente en lo temporal: es una longitud política, ética, estructural.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Por tanto, la pregunta para la prueba no es sobre literatura ni sobre historia. Es, más bien:</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">¿qué nos dice más sobre Chile?</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">¿El discurso en Estocolmo o la carpeta judicial archivada?</p>
<p style="font-weight: 400">(Ojo, Piojo: respuesta abierta, puntaje máximo).</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Referencias bibliográficas</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify">Revista Paula. “Por qué se suicidó Gabriela.” <em>La Tercera / Paula</em>, día mes año, <a href="https://www.latercera.com/paula/por-que-se-suicido-gabriela/">https://www.latercera.com/paula/por-que-se-suicido-gabriela/</a>.</p>
<p style="font-weight: 400;text-align: justify"><span style="font-size: revert">.</div>
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<p style="font-weight: 400;text-align: justify">
				
				
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		<title>Receta a la chilena, la sazón cervantina en la dieta nacional. Cervantes y la crítica social desde el sur del mundo</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2025/05/22/razoncervantina/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Benjamín Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 May 2025 13:18:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[En Perspectiva]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel de Cervantes. Jornadas Cervantinas]]></category>
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					<description><![CDATA["Leer Don Quijote hoy, desde un Chile que perennemente intenta redefinir sus posturas y valores, es un acto político en sí mismo. Es la lectura de un pueblo […] no intenta reproducir el texto original, sino escribirlo nuevamente desde las coordenadas de su presente, entiendo que desde que el hombre es hombre hay conflictos que lo vertebran y hay posibles respuestas que le dan pulsación a su complejo vivir"]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center">Benjamín Contreras y Sophia Chacón asistieron como ponencistas a las XIV <em>Jornadas Cervantinas </em>en su edición 2024, organizadas por el Departamento de Literatura y el Área de Literatura Española de la Universidad de Chile. “Receta a la chilena, la sazón cervantina en la dieta nacional” es el resultado de la reflexión acerca de las jornadas y la vigencia de la obra de Miguel de Cervantes (1547-1616) en Chile.</p>
<p style="text-align: justify">Por <a href="https://haciaelsur.cl/author/benjaminecontreras/">Benjamín Contreras López</a> y Sophía Chacón Polloni</p>
<p style="text-align: justify">En una de las escenas, acaso, más inolvidables de <em>Don Quijote de la Mancha</em>, Cervantes dibuja al caballero de la triste figura, erguido sobre su rocín como un espectro anacrónico, lanzándose con furia contra molinos que su delirio erige como gigantes. No hay en ese enfrentamiento solo locura: hay fe, hay destino, hay una lógica que desafía la razón y la funda al mismo tiempo. En Chile, donde los molinos —reales e imaginarios— giran al vaivén de la historia, el país entero pareciera mecerse entre lo posible y lo imposible, entre la utopía y la desesperanza. Y así como el hidalgo de Cervantes, seguimos midiendo la altura del viento, enfrentando sombras que a veces son monstruos y otras, solo ilusiones. En consecuencia, la figura de don Quijote se extiende con una vigencia contundente y patentiza que releer a Cervantes, lejos de ser un ejercicio de presunta gimnasia erudita, es una forma de reflexionar sobre lo que nos constituye como humanos, cómo nos proyectamos y los modos en los que habitamos el mundo.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>“Cervantes nos asiste en el arte de descifrar la ficción incrustada en la realidad: la manufactura de enemigos en el espacio público, la edificación discursiva del poder, la mutación incesante de relatos oficiales. Lo vemos en la riña interminable entre oficialismo y oposición, en la seguridad ciudadana convertida en estandarte electoral, en el desencanto que resquebraja las viejas promesas de transformación”</strong></p>
<p style="text-align: justify">Como un ilimitado banquete sin fecha de caducidad, <em>Don Quijote</em> se sirve intacto ante las urgencias del presente, no para resistirse a ellas, sino para digerirlas. Nos invita, una vez más, no solo a recordar, sino a reinventarnos y sazonar lo que somos con la sapidez de lo que soñamos ser. Partiendo de esta premisa, se llevaron a cabo las XIV <em>Jornadas Cervantinas </em>en su edición 2024. Este evento retomó, tras un período de pausa, la tradición de generar un espacio de encuentro y reflexión en torno al autor del <em>Quijote</em>. Las Jornadas, organizadas por el Departamento de Literatura y el Área de Literatura Española de la Universidad de Chile, invitaron durante los días 7 y 8 de noviembre a estudiantes, académicos, artistas y docentes de distintos niveles educativos a participar en esta cocina literaria, donde la obra cervantina se reinterpreta, se hibrida y se sirve en nuevos platos.</p>
<p style="text-align: justify">En dicho evento, tuvimos la oportunidad de participar como estudiantes de la carrera de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación de la Universidad de O&#8217;Higgins, presentando trabajos que reflexionaron sobre la relevancia del autor en el siglo XXI en torno a nichos como la libertad y el carácter protofeminista en la obra de Cervantes y su diálogo con otros autores del Siglo de oro español como Calderón de la Barca y María de Zayas respectivamente. En este sentido —conscientes de la importancia de abrir espacios de reflexión en los que converjan diversas perspectivas—, la relevancia de estas Jornadas se acuna en su capacidad de articular un diálogo interdisciplinar: desde la literatura hasta la lingüística, desde las artes plásticas hasta la filosofía, pasando por la pedagogía y otras áreas. Las actividades incluyeron: conferencias magistrales; conferencias plenarias; el concurso de microcuentos <em>Don Quijote</em> en cien palabras; la presentación y conversación con el autor de un volumen teórico a propósito de la reconocida novela cervantina; la inauguración de la feria editorial convocada para el evento; y por último, un total de cinco mesas de ponencias que abordaron temáticas como el humor cervantino, lecturas contemporáneas del texto y sus interpretaciones filosóficas así como también las conexiones de la novela con los procesos de colonización e invención literaria en América Latina.</p>
<p style="text-align: justify">Estas jornadas también nos recordaron que el <em>Quijote</em> es, en sí mismo, una apertura hacia la alquimia de las posibilidades. Este evento, amparándose bajo la cita: «Yo sé quién soy, y sé qué puedo ser», no solo puso en foco el reflejo de la voluntad fictiva del caballero andante, también, como la cita, se significó como una declaración sobre la literatura misma: su capacidad de configurar realidades, de desafiar lo establecido, imaginar futuros alternativos, dialogar y reivindicar a las disidencias como formas legítimas de libertad. Por lo tanto, desde este rincón del sur del mundo, las XIV Jornadas Cervantinas fueron la olla común donde se combinaron disciplinas, perspectivas y sensibilidades para volver a cuestionarnos: ¿por qué seguir leyendo <em>Don Quijote de la Mancha </em>hoy en día, en el Chile contemporáneo?</p>
<p style="text-align: justify">La multiplicidad de posibles respuestas ante la consiga previa es inmensa, por lo que es asertivo solo remitirnos a mencionar algunas claves. Leer a Cervantes desde Chile es volver a transitar un territorio que, aunque parece familiar, siempre nos revela rutas insospechadas, giros que nos desafían a mirar lo mismo con pupilas renovadas. Es leerlo, como el <em>Pierre Menard</em> de Borges, en clave de presente, no reduciéndose a concebirlo como un artificio pasado que en su anacronismo pierde vigencia, sino, por el contrario, como una obra viva, sin fecha de caducidad, que se reescribe en cada lectura y responde a quien lo lee desde su propia trinchera histórica, cultural y política.</p>
<h3 style="text-align: center"><strong>“¿Y cómo considerar a Don Quijote ajeno, si nos vemos envueltos cada día en una historia quijotesca? […] Las promesas vacuas de mejores porvenires son un plato amargo que Chile ha tenido que digerir una y otra vez, aquella sopa con la cual nos excedimos con la sal. Cervantes nos lo muestra en el capítulo donde nuestro hidalgo busca hacer justicia por el joven Andrés, golpeado por su amo, pero su intervención solo desencadenará empeorar la situación. Una suerte de promesa vacía que resuena con las noticias chilenas: reformas anunciadas con fervor, promesas de justicia social que, una vez que las cámaras se apagan, dejan todo igual o incluso peor”</strong></h3>
<p style="text-align: justify">Chile, en su incansable pugna por justicia y reinvención social, dialoga con Cervantes desde una actualidad cargada de urgencias, donde el péndulo de la polarización política oscila exacerbadamente y, por ejemplo, la xenofobia se erige como respuesta a las crisis migratorias. La corrupción en las altas esferas —y su sombra melliza, la impunidad— conviven con una justicia que, cuando llega, suele hacerlo tarde, y es sabido: la justicia tardía habita en el mismo magma de la injusticia. Así, Cervantes nos asiste en el arte de descifrar la ficción incrustada en la realidad: la manufactura de enemigos en el espacio público, la edificación discursiva del poder, la mutación incesante de relatos oficiales. Lo vemos en la riña interminable entre oficialismo y oposición, en la seguridad ciudadana convertida en estandarte electoral, en el desencanto que resquebraja las viejas promesas de transformación.</p>
<p style="text-align: justify">Considerando la realidad de nuestro país, la figura de don Quijote no solo es pertinente: es necesaria. La novela cervantina ofrece claves para entender la receta chilena de hoy, en la que los molinos de viento aún giran, las ilusiones persisten y las batallas se libran en el terreno movedizo de la opinión pública y la memoria histórica.</p>
<p style="text-align: justify">Esta novela de caballería no pertenece a un mundo inaccesible, sino que es parte de lo cotidiano, de la cultura compartida, como un plato de porotos con rienda, una carbonada humeante o una marraqueta con té para la once. <em>Don Quijote</em> no es un lujo exótico, sino un alimento del espíritu, aquel pan siempre disponible para quien quiera sentarse a la mesa de Cervantes.</p>
<p style="text-align: justify">¿Y cómo considerar a Don Quijote ajeno, si nos vemos envueltos cada día en una historia quijotesca? Las promesas vacuas de mejores porvenires son un plato amargo que Chile ha tenido que digerir una y otra vez, aquella sopa con la cual nos excedimos con la sal. Cervantes nos lo muestra en el capítulo donde nuestro hidalgo busca hacer justicia por el joven Andrés, golpeado por su amo, pero su intervención solo desencadenará empeorar la situación. Una suerte de promesa vacía que resuena con las noticias chilenas: reformas anunciadas con fervor, promesas de justicia social que, una vez que las cámaras se apagan, dejan todo igual o incluso peor. Desde la precarización laboral hasta la crisis de las pensiones, Chile ha vivido su propia versión de esta historia y, como Don Quijote, muchos movimientos sociales han luchado con honor, solo para ver cómo su victoria simbólica se disuelve en la burocracia y el pragmatismo político.</p>
<p style="text-align: justify">Siendo la dignidad lo más aclamado por el pueblo chileno, pero sumergidos en el desconocimiento de su disputa. Como el último vaso de agua helada en un día de verano, como la última empanada en la mesa de la fonda, la libertad es un bien escaso y altamente codiciado. Lo vemos reflejado en el gobierno de Sancho Panza en la ínsula Barataria, un microcosmos del ejercicio del poder: un hombre sencillo, con buenas intenciones pero sin experiencia, se enfrenta a la complejidad de gobernar. En Chile, el ascenso de nuevas fuerzas políticas ha seguido un camino similar: figuras que emergen desde el activismo y la protesta, aclamadas por el pueblo, pero que al llegar al poder enfrentan la resistencia de estructuras anquilosadas. La libertad, aquello tan preciado y anhelado por todos, es un espejismo: ¿cuánto puede hacer realmente un gobernante cuando está atrapado en un sistema que lo sobrepasa?</p>
<h3 style="text-align: center"><strong>&#8220;Leer <em>Don Quijote</em> hoy, desde un Chile que perennemente intenta redefinir sus posturas y valores, es un acto político en sí mismo. Es la lectura de un pueblo […] no intenta reproducir el texto original, sino escribirlo nuevamente desde las coordenadas de su presente, entiendo que desde que el hombre es hombre hay conflictos que lo vertebran y hay posibles respuestas que le dan pulsación a su complejo vivir&#8221;</strong></h3>
<p style="text-align: justify">Y no es inferior este otro desafío de la actualidad: las <em>fakenews</em> y la posverdad, tenemos a la cueva de Montesinos como un constante recordatorio de que toda historia es susceptible de ser reescrita según quien la cuente. Desde si la empanada de pino lleva o no pasas, hasta la manipulación mediática y la disputa constante de la memoria histórica en distintas versiones de los eventos del golpe de estado en 1973 (que algunos llaman ‘gobierno’ o califican como un acto ‘necesario’) y el estallido social de 2019 (que otros denominan ‘atentado’), vivimos en un relato confuso y ambiguo. La receta chilena se compone de relatos fragmentados, ilusiones tangibles y verdades imaginarias.</p>
<p style="text-align: justify">En un país donde constantemente se evocan sueños quijotescos de transformación, ¿no es acaso <em>Don Quijote</em> un artificio cultural que puede significarse como un símbolo de resistencia frente a las imposiciones de la realidad? En el marco de las fracturas políticas, ¿la novela cervantina puede ser un sustrato para cavilar sobre la confección de nuevas utopías? ¿Qué reproducimos? ¿Qué transformamos? Desde eventos como la pandemia hasta problemáticas como la crisis de representación política, ¿qué dudas se sustancializan hasta volverse llagas óseas? Leer <em>Don Quijote</em> hoy, desde un Chile que perennemente intenta redefinir sus posturas y valores, es un acto político en sí mismo. Es la lectura de un pueblo que, como Menard, no intenta reproducir el texto original, sino escribirlo nuevamente desde las coordenadas de su presente, entiendo que desde que el hombre es hombre hay conflictos que lo vertebran y hay posibles respuestas que le dan pulsación a su complejo vivir.</p>
<p style="text-align: justify">Entonces, ¿por qué seguir leyendo <em>Don Quijote</em>? ¿No es acaso un plato de consumo pasado? Seguir leyendo a Cervantes en Chile es dilucidar que las batallas más importantes no se libran en las sombras de ni por la razón, con sabor a plomo, ni por la fuerza, sino con la imaginación y su función dialógica, dúctil. ¿Podemos ver en la novela cervantina acaso una alegoría atemporal de los lazos sociales entre los hombres? Esta obra nos recuerda que las grandes revoluciones empiezan con gestos mínimos de insurrección, con actos que desafían el curso establecido, aunque el desenlace nunca esté escrito. Basta con recordar: un hidalgo, intoxicado por la lectura excesiva de novelas de caballería, decide echarse al camino y dejarlo todo. Cervantes, con su ironía afable y crítica, funciona como un catalejo que lacera la costra de nuestras certezas y siembra preguntas que no admiten cosecha inmediata. Lo fructífero se halla en el leudar, madurar para cambiar. Verbos no conjugados que admiten a cualquiera y pueden adoptarse por quien esté dispuesto a significarlos.</p>
<p style="text-align: justify">En un país que busca redibujar sus fronteras sociales, políticas y culturales, Cervantes es más que un escritor pretérito: es un aliado. Nos enseña que el humor puede desarmar el autoritarismo, que el verbo tiene el poder de desafiar las jerarquías, y que incluso los sueños más inverosímiles pueden cambiar el curso de la realidad, pues ¿qué es, en última instancia, la realidad sino una serie de construcciones ficticias, tan genuinas o ilusorias como sus propias representaciones? En la cocina literaria de Cervantes no hay platos rancios: solo recetas para imaginar futuros más justos y humanos.</p>
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">Sobre los autores:</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Benjamín Contreras López</strong>, estudiante de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación en la Universidad de O’Higgins. Ha colaborado como ayudante en diferentes cursos de literatura. Sus principales intereses incluyen la literatura chilena contemporánea, la literatura de no ficción y la escritura creativa con un enfoque pedagógico. En la actualidad, se enfoca en explorar las ferias libres y las posibilidades de reconfiguración sociocultural de los feriantes a través de la creación literaria.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Sophía Chacón Polloni</strong>, estudiante de cuarto año de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación. Amante de la literatura, la considera una forma de (re)pensar el mundo. Fascinada por la permanencia de los clásicos, le interesa explorar explorar cómo estos siguen hablándonos y qué tienen que decirnos en la actualidad.</p>
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		<title>Desaprender el sexismo: los desafíos de la educación en tiempos de transformación</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2022/02/10/desaprender-el-sexismo-los-desafios-de-la-educacion-en-tiempos-de-transformacion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ana María Espinoza C.]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Feb 2022 04:42:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[En Perspectiva]]></category>
		<category><![CDATA[Dirección de Equidad de Género y Diversidades (DEGD)]]></category>
		<category><![CDATA[Educación no sexista]]></category>
		<category><![CDATA[Prueba de transición PTU]]></category>
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					<description><![CDATA[En perspectiva Por Ana María Espinoza Avanzar hacia una mayor equidad social y de género es uno de los horizontes a alcanzar en la mayoría de las naciones del mundo. En los últimos años en Chile hemos escuchado con mayor fuerza múltiples demandas por la erradicación del sexismo en los espacios educativos por parte de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><strong>En perspectiva</strong></p>
<p style="text-align: justify">Por <strong>Ana María Espinoza</strong></p>
<p style="text-align: justify">Avanzar hacia una mayor equidad social y de género es uno de los horizontes a alcanzar en la mayoría de las naciones del mundo. En los últimos años en Chile hemos escuchado con mayor fuerza múltiples demandas por la erradicación del sexismo en los espacios educativos por parte de las voces de movimientos feministas y de distintos actores sociales. ¿cómo no? Si es sin duda un desafío pendiente. Impresionan las enormes brechas en los resultados de aprendizaje entre mujeres y hombres; la segregación por sexo de profesiones y áreas de estudios; las denuncias por acosos y discriminación por motivos de diversidades sexo-genéricas en el contexto educativo. Reproducción de la desigualdad y opresión de grupos históricamente desventajados.</p>
<p style="text-align: center"><span style="font-size: 24px"><strong>“[En los recientes resultados de la Prueba de Transición Universitaria (PTU)] Los estudiantes hombres no solo obtuvieron en promedio mejores resultados en las áreas típicamente masculinizadas como matemáticas y ciencias, sino que también en lenguaje, área en la cual las mujeres históricamente han obtenido promedios más altos en todas las pruebas estandarizadas de medición de aprendizajes”</strong></span></p>
<p style="text-align: justify">Hace unas semanas se dieron a conocer los resultados de la Prueba de Transición Universitaria (PTU), que regula el ingreso de estudiantes a la Educación Superior en Chile. Los datos no solo reflejan, una vez más, las enormes brechas a favor de estudiantes de niveles socioeconómicos altos, sino que también una ampliación de las brechas de sexo. Los estudiantes hombres no solo obtuvieron en promedio mejores resultados en las áreas típicamente masculinizadas como matemáticas y ciencias, sino que también en lenguaje, área en la cual las mujeres históricamente han obtenido promedios más altos en todas las pruebas estandarizadas de medición de aprendizajes. Entonces, ¿qué está pasando con la tan anhelada equidad de género?</p>
<p style="text-align: center"><span style="font-size: 24px"><strong>&#8220;visibilizar temas antes naturalizados, explicitar la intención de erradicar el sexismo de diversas esferas de la sociedad, y avanzar en la implementación de medidas concretas es un gran primer paso. Sin embargo, debemos estar conscientes que el sexismo en la educación es una manifestación de múltiples factores que se entrelazan de maneras complejas”</strong></span></p>
<p style="text-align: justify">En el actual escenario político en el que nos encontramos parece existir una esperanza de avanzar hacia transformaciones sociales que favorezcan la equidad de género. Por primera vez, fuimos testigos de la designación de un gabinete ministerial compuesto en su mayoría por mujeres, así como por representantes abiertamente pertenecientes a la diversidad sexual. El presidente electo Gabriel Boric ha declarado además su intención de transversalizar el enfoque de género en su programa de gobierno, e incorporó al Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género en el comité político de La Moneda, por lo que tendrá un rol central en la implementación del programa. Sumado a esto, en el contexto de la discusión de la Convención Constitucional, existen distintas iniciativas populares de norma que abogan por la erradicación del sexismo. En el ámbito educativo, destaca la Iniciativa promovida por organizaciones feministas: Una Educación Feminista para Chile: Laica, Pública y No Sexista, que ya alcanzó el número de firmas necesarias para ser discutida en la Convención. Entonces, ¿son estos cambios e iniciativas suficientes para avanzar hacia una educación no sexista en Chile? Lamentablemente no. Y es que sin duda visibilizar temas antes naturalizados, explicitar la intención de erradicar el sexismo de diversas esferas de la sociedad, y avanzar en la implementación de medidas concretas es un gran primer paso. Sin embargo, debemos estar conscientes que el sexismo en la educación es una manifestación de múltiples factores que se entrelazan de maneras complejas. Por supuesto que los factores estructurales y macrosociales juegan un rol relevante, pero son los factores psicosociales y micropolíticos aquellos que resultan más difíciles de modificar. Estos operan de maneras poderosas y muchas veces imperceptibles, influyendo significativamente en la manera en que nos relacionamos y actuamos frente al mundo. Por tanto, si bien el próximo gobierno ha dado señales claras de la configuración de condiciones estructurales que podrían propiciar avances hacia una educación no sexista, dicha transformación solo podrá germinar si se abordan factores claves en la reproducción del sexismo, como los estereotipos y roles de género. Las creencias sexistas arraigadas son la base de las manifestaciones en las prácticas, guían cómo nos relacionamos, qué esperamos de nosotras/os mismas/os y de las/os demás, y por supuesto, cómo y qué se enseña a mujeres y hombres.</p>
<p style="text-align: center"><strong><span style="font-size: 24px">“El contexto educativo es un espacio crucial para las transformaciones sociales. En estos espacios no solo se reproducen las manifestaciones del sexismo, sino que también se pueden desafiar y modificar</span></strong>”</p>
<p style="text-align: justify">¿Cómo podremos enfrentar esos desafíos? Las ciencias sociales en general y la psicología educacional en particular, nos indican, a través de robustas evidencias, que el sexismo se aprende a través de los procesos de socialización de género. Pero así como se aprende, también se puede desaprender. Fomentar la reflexión en torno a las creencias que naturalizan las diferencias entre mujeres y hombres –en espacios educativos formales e informales– es una tarea central para que se posibiliten nuevos aprendizajes y prácticas. El contexto educativo es un espacio crucial para las transformaciones sociales. En estos espacios no solo se reproducen las manifestaciones del sexismo, sino que también se pueden desafiar y modificar. Por tanto, la formación inicial docente con perspectiva de género en todos los niveles educacionales, es una tarea urgente y fundamental para la erradicación del sexismo. Como docente formadora de futuras y futuras docentes tengo la convicción de que incorporando el enfoque de género en los planes de estudio, en los contenidos y abordaje de cursos y –especialmente– propiciando una reflexión profunda y permanente sobre las creencias estereotipadas en torno al género, será posible contar con profesionales de la educación que en su futuro quehacer docente, contribuyan a la erradicación del sexismo en la educación. En este sentido, la Universidad estatal de O’Higgins, en su rol público, está realizando importantes avances en esta dirección. Destacan los significativos aportes de la Dirección de Equidad de Género y Diversidades (DEGD) de esta casa de estudios. Esta entidad ha dispuesto una serie de protocolos para propiciar el respeto por la diversidad y la eliminación del sexismo en la comunidad universitaria. Además, el apoyo que ha brindado al desarrollo de investigaciones en temáticas de género, así como su apertura hacia nuevas iniciativas, resultan una importante contribución. Esperamos también que las indicaciones de la recientemente promulgada Ley 21.369, que regula el acoso sexual, la violencia y la discriminación de género en la educación superior, así como su traducción en la cultura y prácticas cotidianas universitarias, posibiliten mayores avances en esta dirección.</p>
<p style="text-align: justify">En estos tiempos de transformación social, debemos visualizar y reconocer las posibilidades que se van generando para la mejora educativa, pero también los desafíos que implica desaprender el sexismo. La articulación de aspectos macro y microsociales es crucial para un desarrollo promisorio del –aun pendiente­–, horizonte de la equidad de género en educación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="text-decoration: underline">Créditos</span>:</p>
<p>* Fotografía de Marcelo Hernandez/ Aton Chile</p>
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Declaración INFOMIGRA ante los hechos sucedidos en la ciudad de Iquique el 26 de septiembre del 2021</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2021/10/06/declaracion-infomigra-ante-los-hechos-sucedidos-en-la-ciudad-de-iquique-el-26-de-septiembre-del-2021/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alexis Torreblanca]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 Oct 2021 21:07:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[En Perspectiva]]></category>
		<category><![CDATA[crisis humana]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Migrar]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[En perspectiva Por Alexis Torreblanca El pasado 25 de septiembre, producto de la desinformación y prejuicios basados en noticias falsas y mitos de la migración en medios masivos de comunicación, fue convocada una marcha que finalizo con la quema de pertenencias personales de familias inmigrantes residentes en el campamento en Avenida Aeropuerto con Las Rosas [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">En perspectiva</p>
<p style="text-align: justify">Por Alexis Torreblanca</p>
<p style="text-align: justify">El pasado 25 de septiembre, producto de la desinformación y prejuicios basados en noticias falsas y mitos de la migración en medios masivos de comunicación, fue convocada una marcha que finalizo con la quema de pertenencias personales de familias inmigrantes residentes en el campamento en Avenida Aeropuerto con Las Rosas en la ciudad de Iquique.</p>
<p style="text-align: justify">Ante esto, desde INFOMIGRA incitamos a las autoridades del Estado chileno a promover y asegurar las garantías mínimas para dar respuesta a la crisis humanitaria que llevó a esta situación, esto según la ley,  los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos<a href="//5789DA79-F5A0-43DF-B756-ABE9676BD9C5#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> con un enfoque de sana convivencia con la comunidad chilena.</p>
<p style="text-align: justify">Rechazamos el uso de la violencia y la discriminación como de quienes la fomenten, y exigimos se investiguen y condenen púbicamente estos hechos, al igual que se tomen las medidas necesarias para la protección y garantía al derecho a la vida, integridad física y psíquica de todas las personas que se encuentran bajo su jurisdicción, sin establecer ninguna discriminación para asegurar el bienestar y la efectiva salvaguarda de sus derechos y el respeto de su dignidad humana. Esto según  dispuesto por la Constitución Política de la República<a href="//5789DA79-F5A0-43DF-B756-ABE9676BD9C5#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> y los Tratados Internacionales <a href="https://www.derechoshumanos.gob.cl/ddhh/sistema-universal-de-ddhh/tratados-internacionales-y-convenciones/tratados-internacionales">ratificados por Chile</a><a href="//5789DA79-F5A0-43DF-B756-ABE9676BD9C5#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</p>
<p style="text-align: justify">Para la prevención de estas situaciones en un futuro, planteamos la implementación de una política de Estado que permita el ingreso seguro y regular de la comunidad inmigrante mediante la disposición de información adecuada, oportuna y clara, al igual que permita de forma permanente y transparente el uso de los canales dispuestos para la construcción y postulación de sus proyectos migratorios. Colocando así al centro tanto la responsabilidad del Estado como el de las personas inmigrante como sujetos de derechos y activos en la conformación y cumplimiento de su proyecto migratorio en miras al país:</p>
<p style="text-align: justify;padding-left: 40px">-Asegurando el derecho de acceso a la información y transparencia.</p>
<p style="text-align: justify;padding-left: 40px">-Promoviendo y asegurando sus derechos digitales.</p>
<p style="text-align: justify;padding-left: 40px">-Utilizando e informando con un lenguaje inclusivo y respetuoso de los DDHH, en diversos idiomas, plataformas y formas.</p>
<p style="text-align: justify;padding-left: 40px">-Democratizando la participación y los canales de comunicación de las instituciones migratorias.</p>
<p style="text-align: justify;padding-left: 40px">-Protegiendo los datos personales e información personal.</p>
<p style="text-align: justify;padding-left: 40px">-Generando espacios para la correcta fiscalización, rendición y transparencia de las medidas migratorias.</p>
<p style="text-align: center"><span style="font-size: 24px"><strong>“no se trata de una crisis migratoria o de seguridad y frontera del Estado chileno como se ha querido plantear, sino más bien, de una crisis humana que nos hace reflexionar nuestra verdadera humanidad como sociedad, personas y familias”</strong></span></p>
<p style="text-align: justify">Finalmente, creemos necesario subrayar que esta situación de la que hemos sido testigos/as, no se trata de una crisis migratoria o de seguridad y frontera del Estado chileno como se ha querido plantear, sino más bien, de una crisis humana que nos hace reflexionar nuestra verdadera humanidad como sociedad, personas y familias. No solo ante los actos de violencia y discriminación ya mencionados, si no también ante el intento de utilizar un lenguaje, conceptos e información que tiene como objetivo crear y comunicar una realidad que nos diferencia, criminaliza, separa y des humaniza cada vez más como la sociedad diversa que somos. No solo es importante condenar estos actos, sino también cada vez más comunicar e informar con más responsabilidad y sensibilidad, para así ayudar a construir sociedades informadas y realmente integradoras.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Referencias</strong>:</p>
<p style="text-align: justify"><a href="//5789DA79-F5A0-43DF-B756-ABE9676BD9C5#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Y los otros 4 instrumentos suscritos por Chile en la materia: Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (1948), Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena (1951), Convención sobre el estatuto de los refugiados. (1951), Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares (1990).</p>
<p style="text-align: justify"><a href="//5789DA79-F5A0-43DF-B756-ABE9676BD9C5#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> en sus artículos 10,11 y 14, así como lo dispuesto por Ley No. 20.285 sobre acceso a la información pública, Ley No. 19.628 sobre protección de información privada.</p>
<p style="text-align: justify"><a href="//5789DA79-F5A0-43DF-B756-ABE9676BD9C5#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial y la mujer, <a href="https://www.ohchr.org/Documents/ProfessionalInterest/ccpr_SP.pdf">Derechos Civiles y Políticos de 1966,</a> <a href="https://www.ohchr.org/Documents/ProfessionalInterest/cescr_SP.pdf">Derechos Económicos, Sociales y Culturales</a>, <a href="https://www.ohchr.org/Documents/ProfessionalInterest/crc_SP.pdf">Derechos del Niño. </a><a href="https://www.ohchr.org/Documents/ProfessionalInterest/cmw_SP.pdf">Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares</a>. <a href="https://www.ohchr.org/SP/HRBodies/CRPD/Pages/disabilitiesconvention.aspx%20">Derechos de las Personas con Discapacidad</a>.</p>
<p style="text-align: justify">
]]></content:encoded>
					
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		<item>
		<title>La cultura del anime y su ramificación en temas sociales en Chile</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javiera Moya]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Aug 2021 23:39:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[En Perspectiva]]></category>
		<category><![CDATA[Anime]]></category>
		<category><![CDATA[Estallido social]]></category>
		<category><![CDATA[Manga]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[En perspectiva Por Natalia Iturra Osorio y Javiera Moya Silva En los últimos años, en Latinoamérica ha explotado la popularidad de la cultura japonesa, específicamente el anime (series animadas) y manga (cómic). Esto se ha visto reflejado tanto en redes sociales como en la propia cultura de los jóvenes. Este fenómeno se ha consolidado como [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En perspectiva</p>
<p>Por Natalia Iturra Osorio y Javiera Moya Silva</p>
<p style="text-align: justify">En los últimos años, en Latinoamérica ha explotado la popularidad de la cultura japonesa, específicamente el anime (series animadas) y manga (cómic). Esto se ha visto reflejado tanto en redes sociales como en la propia cultura de los jóvenes. Este fenómeno se ha consolidado como fenómeno social que ha quedado totalmente expuesto en las manifestaciones sociales, en especial en el denominado Estallido social de 2019. A partir de ese momento se hizo aún más común ver las calles inundadas de carteles con dibujos o imágenes con frases que hacían alusión a temas relacionados a las revueltas y al sentimiento compartido de la gente sobre las movilizaciones.</p>
<p style="text-align: center"><span style="font-size: 24px"><strong>“esta utilización tiene que ver con sucesos del anime, motivos y personalidad de algunos personajes icónicos”</strong></span></p>
<p style="text-align: justify">Es interesante que muchas de estas consignas tomaron como referencia a personajes animados. Esta relación no es casual, ya que esta utilización tiene que ver con sucesos del anime, motivos y personalidad de algunos personajes icónicos. Esto nos hace pensar cómo estas historias sirven de inspiración para los jóvenes, quienes ven reflejada la situación de estos en la vida real. Por ejemplo, el personaje de ficción Naruto es huérfano, vive solo y en la sociedad en la cual vive al estar jerarquizada corresponde a un estrato social inferior y de bajos recursos. Es en esta sociedad corrupta y de guerras donde Naruto es discriminado, pero a pesar de la situación, Naruto aspira a ser Hokage (el equivalente a presidente), para cambiar el mundo en el que vive, además de demostrarles a todos quienes lo tratan como inferior que con esfuerzo, perseverancia y luchando por lo que es justo, se puede triunfar y cambiar a la sociedad.</p>
<p style="text-align: justify">La utilización de las imágenes animadas no se restringe solo al uso en el espacio público, también están presentes en el espacio virtual. Esto lo hemos visto en una serie de memes, como los del famoso anime, <em>Kimetsu no Yaiba</em> (asesinos de demonios). Inosuke un personaje con una cabeza de Jabalí fue utilizado en decenas de memes, ya que aparte de su personalidad desenfrenada y pura, solía confundir los nombres de los personajes. Por lo tanto el meme era, “Renuncia Piraña y Sándwich” o también se hicieron ver memes del anime de Sailor Moon, en relación a la frase conocida “¡Te castigare en el nombre de la luna!”. Además Pikachu, el famoso personaje de Pokemon, tuvo un presencia fuerte en los memes, debido a que se afianzó en las protestas como un ícono representativo a causa del corpóreo del personaje utilizado por Giovanna Grandón, hoy constituyente, quien se hizo conocida en 2019 como la Tía Pikachu. Por otro lado, uno de los más vistos fue el meme del personaje Meruem de <em>Hunter X Hunter</em> (2011), quien decía algo como: “En manos de un incompetente, el poder no trae nada más que la ruina”.</p>
<p style="text-align: center"><span style="font-size: 24px"><strong>“Basta con recordar los icónicos casos de la declaración de los &#8216;naturos como soldados&#8217;, lo que es una sobreinterpretación risible o la incorporación de la forma de correr del personaje por parte de alguna diputada con mucha tribuna pública”</strong></span></p>
<p style="text-align: justify">Si bien podemos explicar esta asociación masiva de los memes a la cultura visual como la búsqueda de una sátira de las situaciones actuales que representan algún tipo de conflicto. Creemos que este fenómeno nace directamente de la gente más joven, la que de alguna u otra manera intenta hacerse parte de este movimiento social y convoca a las generaciones más jóvenes al debate de la contingencia nacional. Basta con recordar los icónicos casos de la declaración de los “naturos como soldados”, lo que es una sobreinterpretación risible o la incorporación de la forma de correr del personaje por parte de alguna diputada con mucha tribuna pública. Lo cierto es que lo que creen entender o representar alimenta progresivamente el tono festivo que resulta de este código que despierta tanta curiosidad.</p>
<p><img decoding="async" class="size-full wp-image-7777 aligncenter" src="http://multisite.uoh.cl/haciaelsur/wp-content/uploads/sites/6/2021/08/EHsPLy3WwAEIPBP.jpeg" alt="" width="750" height="708" srcset="https://haciaelsur.cl/wp-content/uploads/sites/6/2021/08/EHsPLy3WwAEIPBP.jpeg 750w, https://haciaelsur.cl/wp-content/uploads/sites/6/2021/08/EHsPLy3WwAEIPBP-300x283.jpeg 300w" sizes="(max-width: 750px) 100vw, 750px" /></p>
<p style="text-align: justify">Por medio de las redes sociales y a través de la creación y circulación de memes que se adaptan a la contingencia social y política, los jóvenes chilenos han encontrado un lugar dentro del debate. Se suele referir a la aparente falta de interés de las generaciones más jóvenes e incluso de opinión política. Sin embargo, el uso del humor como medio de denuncia debería ser considerado como la expresión de una opinión política mediante un lenguaje que nos resulta conocido y propio.</p>
<p style="text-align: justify">
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		<title>Leer con gafas violeta</title>
		<link>https://haciaelsur.cl/2021/07/22/leer-con-gafas-violeta/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Victoria Parra]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Jul 2021 01:23:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[En Perspectiva]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Lectura]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Perspectiva de género]]></category>
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					<description><![CDATA[En perspectiva Por Victoria Parra La metáfora de las gafas violeta es totalmente cierta. Cuando te vuelves feminista, tu forma de relacionarte con todo cambia y los libros no se salvan de eso. Mi acercamiento a la literatura partió, como para la mayoría, leyendo autores hombres. Se me hacía normal, lo pasaba bien y sin [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">En perspectiva</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">Por Victoria Parra </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">La metáfora de las gafas violeta es totalmente cierta. Cuando te vuelves feminista, tu forma de relacionarte con todo cambia y los libros no se salvan de eso. Mi acercamiento a la literatura partió, como para la mayoría, leyendo autores hombres. Se me hacía normal, lo pasaba bien y sin duda les debo mucho. Leer es mi relación más larga, uno de los pocos hábitos que he podido mantener durante toda mi vida, pero cuando empecé a ver todo filtrado a través de las gafas violeta, me empezaron a incomodar mis lecturas y cada página me hacía reflexionar si las frases machistas que pillaba leyendo se las aguantaría a un amigo, a mi papá o a un tipo que me grite en la calle. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">Quizás idealizo mucho la lectura, sé que lo hago, pero siento que formo un lazo lectora-escritor al momento de leer y me cuesta aceptar que la persona que escribe está pensando eso de mí, de nosotras, que somos un objeto del cual burlarse, del cual abusar o menospreciar. Debo admitir que hay veces que lo intento, intento entregarme a una lectura, dejar que fluya y hacerme la loca con algunos comentarios en el ejercicio de </span></span><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium"><i>solo leer y relajarme</i></span></span><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">, pero no puedo. Basta con un párrafo misógino para salir de ese trance en el que estaba pegada leyendo, empiezo a pasar rabia y siento que le hablo al autor, le pregunto ¿por qué hiciste eso si íbamos tan bien?</span></span></p>
<p style="text-align: center" align="justify"><span style="font-size: 24px">“<span style="font-family: Cambria, serif"><b>no me deja de molestar la complicidad que existe en el medio cultural, que muchas veces con atento al mercado reduce las denuncias a comentarios morales”</b></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">He tenido innumerables discusiones con personas, todos hombres, que perdonan esto por el bien del arte, porque consideran que la literatura trasciende esos límites, porque yo soy exagerada, soy mala lectora, me doy color, no me fijo en lo verdaderamente importante.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">Hace poco leí </span></span><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium"><i>El consentimiento</i></span></span><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium"> de Vanessa Springora, libro donde la autora relata la historia del abuso perpetrado por Gabriel Matzneff, escritor con el que tuvo una “relación” cuando ella tenía 14 años y él alrededor de 50. En aquel entonces, todos sabían de los delitos sexuales de Matzneff, no por sus víctimas, sino por él mismo. Sus libros se trataban de las “relaciones” que tenía con menores de edad, de sus viajes a Filipinas para abusar de niños pobres y su amor por los “culos frescos”. Esto no se vendía como ficción e incluso en el libro en donde él habla sobre Vanessa, decía explícitamente que era su diario de vida. Pero al parecer, eso no importaba en el entendido de que su literatura era considerada buena. Treinta años más tarde, Vanessa Springora publicó </span></span><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium"><i>El consentimiento</i></span></span><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">. En este libro se presenta su versión de la historia con su abusador y el dolor que experimentó. A pesar de que todo esto ya se sabía, generó tanto revuelo, que la imagen de Matzneff empezó a caer, la editorial Gallimard retiró de circulación la obra del escritor y el gobierno francés le quitó la pensión que recibía por su aporte literario al país.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">Por lo menos a mí, como lectora y feminista, no me deja de molestar la complicidad que existe en el medio cultural, que muchas veces con atento al mercado reduce las denuncias a comentarios morales. Estamos hablando de delitos y es crudo ver cómo incluso en estas situaciones hay quienes –una mayoría estructural y poderosa– que le cuida las espaldas al artista abusador. Por eso es que desde hace unos años empecé mi cruzada por leer más mujeres y he conocido autoras increíbles que me mostraron que existe otra forma de hacer literatura. Me veo entre esas líneas, compartimos un nosotras y la verdad es que hasta ahora no me han decepcionado.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">Quiero transparentar que este es un tema que constantemente me da vueltas en la mente. Tampoco he logrado resolverlo del todo, porque algunos “expertos” siempre cuestionan cuando estamos leyendo con las gafas violeta. Cuando eres mujer tienes que permanentemente demostrar tus conocimientos y eso resulta agotador. También es doloroso renunciar a algunas obras, cuando se cae del pedestal ese autor que amas. La otra opción sería intentar justificar todo por la literatura. Esto me parece un error y un egoísmo extremo hacia las miles de mujeres que son víctimas de violencia a diario. </span></span></p>
<p align="justify"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-7059" src="http://multisite.uoh.cl/haciaelsur/wp-content/uploads/sites/6/2021/07/Parra-Victoria-Leer-con-gafas-violeta-2021-07-A.jpeg" alt="" width="714" height="531" srcset="https://haciaelsur.cl/wp-content/uploads/sites/6/2021/07/Parra-Victoria-Leer-con-gafas-violeta-2021-07-A.jpeg 639w, https://haciaelsur.cl/wp-content/uploads/sites/6/2021/07/Parra-Victoria-Leer-con-gafas-violeta-2021-07-A-300x223.jpeg 300w" sizes="auto, (max-width: 714px) 100vw, 714px" /></p>
<p style="text-align: center" align="justify"><span style="font-size: 24px">“<span style="font-family: Cambria, serif"><b>Es necesario apuntar también al sistema educacional y fomentar estas lecturas críticas en la sala de clases, contextualizar las novelas, debatir sobre su contenido”</b></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">Es importante releer los libros que leímos cuando niñes, darles una vuelta. Tampoco hablo de funar escritores por cada línea de sus libros. Lo que propongo es tener una mirada crítica sobre las historias que estamos leyendo. Es necesario apuntar también al sistema educacional y fomentar estas lecturas críticas en la sala de clases, contextualizar las novelas, debatir sobre su contenido. No me refiero a que los planes de lectura se centren en libros que narren abusos. Lo que propongo es que se problematicen también los roles secundarios en los que se suele ubicar a las mujeres. Como lectoras estamos constantemente silenciadas, no vivimos las aventuras de los personajes masculinos, no descubrimos cosas, no viajamos. La literatura puede actuar como un reflejo de las distintas épocas de la historia, por lo que reflexionar sobre ella es una manera de entender diferentes momentos sociales.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">Vanessa Springora plantea que</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">Cualquier otra persona que publicara, por ejemplo, en las redes sociales, la descripción de sus relaciones con un adolescente filipino o se jactara de su colección de amantes de catorce años tendría que vérselas con la justicia y se le consideraría de inmediato un delincuente. Aparte de los artistas, solo hemos visto semejante impunidad en los curas.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">¿La literatura lo disculpa todo? (181).</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">No señalo que todos los escritores sean abusadores y por cierto la ficción narrada no constituye necesariamente una declaración de abuso. La dificultad es mucho más sutil, la frecuencia con la que encuentro micromachismos en las obras literarias que de una u otra forma dan cuenta de la cosmovisión de quien escribe. Con el último libro que tuve esa experiencia fue </span></span><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium"><i>Catedral</i></span></span><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium"> de Raymond Carver. Tenía muchas expectativas y apenas lo empecé sabía que me iba a gustar. Sus cuentos tienen vueltas rápidas y es muy ágil, pero llegué a un texto “Casa del Chef”, en el que uno de los personajes era una mujer gorda. No hay nada malo con eso, pero Carver se esforzó en resaltar su gordura</span></span> <span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">y no como una característica que aporta al relato, sino más bien como algo burlesco, una mujer que se llamaba Linda, pero ellos (los personajes masculinos del cuento) le decían Linda la Gorda, graciosísimo al parecer. Puede parecer una exageración, pero de inmediato me detuve y regresaron todas mis inseguridades a causa de un detalle que quizás nadie más notó, algo pequeño que ni yo en otro momento hubiese notado. Recordé que efectivamente nuestro cuerpo es motivo de burla para muchos, que todos pueden opinar de cómo nos vemos, que hay un estereotipo tan marcado de cómo debemos ser las mujeres, que agregarle “la gorda” a un nombre es un apodo chistoso y más si la persona se llama Linda, porque cómo va a ser linda si es gorda. En esa ocasión terminé el libro completo y a pesar de que seguían cuentos buenísimos, me quedaba con la sensación negativa de las páginas anteriores.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Cambria, serif"><span style="font-size: medium">No afirmaré que Carver u otro autor es un misógino o un gordofóbico pero cuando leo también soy una persona con una experiencia de vida y cuando eres mujer sufres tantos tipos de violencias a diario que lo último que quisiera es revivirlas en la literatura. Me niego a pasarlo mal haciendo lo que más me gusta y para eso tengo mis gafas violeta.</span></span></p>
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