¿Cómo hablar de lo que no se habla? Esta es, sin dudas, una de las interrogantes medulares que sostiene Atrás queda la tierra. Publicada en 2024 por Seix Barral, esta primera novela de la autora venezolana se presenta como una misiva que, desde su urgencia, traza un recorrido que va más allá de lo geográfico: viaja en la sacudida. Desde la carta de una madre a su hijo de nueve años, se explora el desarraigo, la memoria y la migración forzada de la nación venezolana contemporánea, reverberado en aquellos que han sido forzados a dejar su país, como en quienes los reciben en tierras que, bajo la promesa de refugio, revelan sus propias precariedades.
Esta es una novela breve, estampada de impacto, que no busca concesiones a sentimentalismos sencillos. En lugar de ello, se construye una trama en la que las experiencias de la pérdida y del exilio se transmiten bajo el alero de una prosa que permite habitar las fisuras de una identidad desgarrada. De esta forma, la estructura epistolar de la novela refuerza la experiencia emotiva, al mismo tiempo que permite una reflexión íntima sobre el proceso de recordar y olvidar. En esta línea, se destaca que el gran uso de la voz narrativa en primera persona no solo carga el pulso de la emoción: arrastra al lector, lo vuelve testigo mudo de una historia que desborda del Yo, pero que también insiste más allá de lo propio, llegando a la dimensión colectiva de la migración venezolana. En este sentido, esta diáspora, una de las más significativas en la historia reciente de América Latina, no ha sido solo un fenómeno de tránsito y desplazamiento que expone el éxodo de cuerpos. El fenómeno de la migración ha sido, sobre todo, un punto de tensión en el tejido social. No basta decir que es un desafío político o social; es también el temblor de una identidad que se disuelve y se rehace en tierra ajena. Pero ¿cómo se sostiene la memoria cuando el hogar queda atrás y el nombre se diluye en la distancia?
“la novela es una gran plataforma para experimentar las formas en las que el dolor se expresa y cómo también se puede subvertir el orden normativo que poseen las definiciones sobre aquellos que se intenta determinar. Por medio de una serie de desplazamientos de significados a punta de relatos testimoniales y las vivencias la propia de Sousa-García, se pone en entredicho cualquier normativa y estigma que procure avalar un relato unívoco”
En la novela, por medio de un discurso fragmentado que dibuja sugerentes apologías de un Yo, se huye de lo meramente individual para solo adquirir significado en los marcos de una epopeya comunitaria. Así, se explora la desconexión entre el pasado y el presente, entre el hogar perdido y el nuevo lugar que se convierte en refugio hostil, poniendo en cuestión qué significa “estar en casa” y reflejándose esta incertidumbre en un constante diálogo entre las tensiones de lo privado y lo público —las vivencias de la autora, su familia y las de un país—, lo que permite la gran experiencia lectora de acceder a ambos espacios casi como si uno respirara en el otro y el solapamiento fuese vital, indispensable.
“incorpora estéticas propias de la autobiografía, testimonios, crónica, ensayo y poesía, pone en latencia también un desafío a las formas más convencionales de narrar; de Sousa-García, al hacer uso de estos géneros, señala la imposibilidad de una única forma de relato y denota a la hibridación como elemento clave: el dolor de la migración no puede ser reducido a un solo discurso”
Arianna de Sousa-García hilvana con aguda precisión la catástrofe de Venezuela, una nación que, al confiar en un proyecto político-utópico, terminó sumida en las más crueles distopías de la realidad. La novela explora el desarraigo violento de quienes migran y por ello se enfrentan a profundas deshumanizaciones dentro de un sistema que naturaliza la violencia hacia quienes se vuelven forasteros. De forma coherente, la habilidad de la obra para entrelazar la historia personal de la autora, por medio de relatos breves, con la de incontables venezolanos destinados al nomadismo cruel de la necesidad y a las constantes vistas lacerantes de quienes los sentencian y definen, ofrece una perspectiva compleja. En este sentido, la novela es una gran plataforma para experimentar las formas en las que el dolor se expresa y cómo también se puede subvertir el orden normativo que poseen las definiciones sobre aquellos que se intenta determinar. Por medio de una serie de desplazamientos de significados a punta de relatos testimoniales y las vivencias la propia de Sousa-García, se pone en entredicho cualquier normativa y estigma que procure avalar un relato unívoco. Se posibilita dar cabida a la voz del otro y, como ocurre escasas veces, se permite que quienes suelen ser definidos por otros puedan definirse por sí mismos, tensionando las palabras y prejuicios que pretenden erigirse como verdades inflexibles.
Atrás queda la tierra expone una narración coherente con las condiciones que se dispone a relatar. La novela, que incorpora estéticas propias de la autobiografía, testimonios, crónica, ensayo y poesía, pone en latencia también un desafío a las formas más convencionales de narrar; de Sousa-García, al hacer uso de estos géneros, señala la imposibilidad de una única forma de relato y denota a la hibridación como elemento clave: el dolor de la migración no puede ser reducido a un solo discurso. Por consiguiente, el modo del decir se vuelve un mensaje en sí mismo y manifiesta una profunda vocación por enunciar, nombrar e interrogar, subrayando que escribir no solo es un acto de conocimiento, sino, sobre todo, de cuestionamiento.
Atrás queda la tierra expone una escritura no hermética, accesible, que sabe de las ferocidades que engrudan los lazos sociales y convierte al lector en el receptor final de la misiva, desafiándonos de buen modo a cavilar sobre el mundo que estamos modelando para quienes, en busca de refugio, migran con aspiraciones y temores. Ariana de Sousa-García nos insta a reflexionar sobre cómo respondemos a esas cartas que, aunque no nos lleguen directamente, cuestionan nuestra humanidad.
Ha llegado carta, pero… ¿Para quién?
Referencias
de Sousa-García, Arianna. Atrás queda la tierra. Seix Barral, 2024.